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Inviernos del alma

No hay frío tan eterno como el que se siente cuando se apaga el corazón…

Todavía no había terminado febrero. Él me llamó un martes a la mañana con la voz partida y el alma afónica de tanto amar.

No pude ir a verlo hasta la tarde; llegué, saqué las llaves del cantero como siempre, entré y lo llamé bajito para no asustarlo, sabía que por cómo lo había escuchado, estaría durmiendo.

“Vení, pasá, Negra”, me llamó desde la cocina. Estaba sentado en la penumbra, casi ausente. Me dijo que tenía frio y preparó café. Se puso un saco marrón de lana de llama y se calzó unos borceguíes destrozados. Se sentó a la mesa en la silla de enfrente. Rompió en llanto mientras se sostenía la cara con las manos gastadas.

No me dijo nunca qué fue lo que les había pasado, pero no paró de decirme que tenía mucho frío…

Me fui al otro día. Se quedó solo en la cocina. Pensando. Esperando no sé qué ni de quién, pero su cuerpo y su rostro me decían que todavía tenía mucho frío.

Supe que Mariana se había ido, esta vez para no volver.

No hay dolor más hondo y frío que el del alma…

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One Response to “Inviernos del alma”

  1. ujhulam dice:

    gracias a tod@s por tomarse el ratito de leer. gracias

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