Esta carta muestra los patrones de pensamiento de una mujer, como tantas mujeres y bastantes hombres, atrapados en esta enfermedad, y cómo cambian esos patrones cuando empiezan a recuperarse.
“¡Caos, locura y desesperación!
¡Esperanza, culpa, duda y temor!
Mi mente arde de emociones
¡Veneno esta sensación!
Por saber que no me amas, amor.
Se me acaba esta vida. Pronto no te veré, no tendré ni tu compañía, ni la esperanza de disfrutatr de ella. Te amo, el tiempo se me acaba y ,otra vez, me separan del cordón umbilical que alimenta mi alma.
¿Cómo podría sobrevivir sin ti?”.
Estos renglones son apenas una muestra de los muchos, cargados de dolor, que escribiera en toda su vida.
La salida, la puerta, estaba donde ella menos esperaba: ¡Justo delante de sus ojos!. Y la llave, la tenía dentro de ella. Por eso no hallaba vida, ni consuelo, ni paz, porque estaba matándose buscando la felicidad en el lugar equivocado:
En un hombre, o en una pseudorelación con un hombre, que no la amaba. Así como ella no se amaba tampoco, ni había sido jamás amada en la forma que merecía.
Ahora, gracias a Dios, ella sabía todo esto, le había llegado información sobre su dependencia, y, las energías que antaño
derrochase para recuperarle a él, o para encontrar a otro sustituto ahora iban encaminadas a buscar dentro de sí esa llave perdida que abre la puerta de la verdadera esperanza.
Notemos cómo cambia el discurrir de su pensamiento cuando empieza a recuperarse, aunque sabe que aún queda mucho camino. ¡No parece escrito por la misma persona y sin embargo así es!
“Recuerdo aquel veraniego atardecer, en que saboreé mi recién encontrada libertad. Y fuí capaz de volar. Como en un columpio, atravesaba el aire caluroso de aquél caluroso verano, ebria de poder, de gozo, libre de la esclavitud que significó amarte. Así eran mis horas, así hice que fuesen, aunque aún deseaba verte en lo más profundo de mí. Pero ahora podía disfrutar sin tí.
Y ahora, incluso si tí, y sin nadie, podía hacer brotar una sonrisa limpia y cristalina desde lo más hondo de mi alma.
¡Qué hermoso espectáculo para mi corazón!”.
ESO ES UN ESCRITO DE UN POBRE DIABLO COMO YESID RENGIFO ALVAREZ JAJAJA
¡Buena! Me gustó
El amor propio es un buen primer paso hacia la cordura, permite evaluar con objetividad lo que uno se merece o espera de los demás.
¿Habrá una tercera parte?