El enamoramiento es algo que está sobreestimado. Se confunde con el amor y se cree que es la base de una relación de pareja y ese malentendido conduce al fracaso de lo que podría ser una maravillosa historia de amor. Expliquémonos.
Supongo que el lector que no esté familiarizado con el matiz entre ambos conceptos no sólo debe de estar perplejo, sino llevándose las manos a la cabeza. El enamoramiento, usando términos románticos, es ese arrobo exaltador de los sentidos con tan sólo el pensamiento en el ser querido o, si lo prefieren en términos algo más científicos y menos poéticos, ese subidón de hormonas. Digamos que es una primera fase que tiene más que ver con la imagen que tenemos de la persona amada, normalmente idealizada, más que con quién es esa persona en realidad.
Lo cual en un principio no está mal, ni tampoco vivir con pasión ese estado, hasta que desaparece y nos damos cuenta de que esa persona no era ni tan divina ni tan maravillosa como pensábamos. Seguro que esta situación se les hace familiar. Esto no ocurre porque nos hayan querido engañar (que también sucede, pero no son los casos a los que ahora nos referiremos), aparte de que todos queremos poner nuestra mejor imagen cuando estamos en esa fase, sino porque nos lo hemos querido creer, e incluso fantaseamos con la imagen que queremos crearnos de esa persona.
Hagamos una definición general. Es ese sentimiento que nos produce una persona a la que le empezamos a descubrir algo que nos hace sentir que es, y que somos, especiales, y podemos tener una intimidad muy profunda con ella. A veces esto ocurre con alguien que apenas conocemos. Es el llamado flechazo. Otras, con alguien que hacía tiempo conocíamos y de repente lo empezamos a ver como esa persona que tiene esas virtudes y ese “no sé qué” que nos hace sentir lo que ya decíamos antes.
Lo que se desata en nuestro organismo es una gran cantidad de hormonas sexuales llamadas feromonas que producen ese estado de euforia cuando estamos con el ser querido y, a su vez, cuando hay una bajada de esta hormona en nuestro sistema, se padece un “síndrome de abstinencia”, química que hace que rememoremos a la misma constantemente buscando revivir la sensación y de ahí también esa necesidad de estar constantemente cerca de la persona amada y ese pesar en cuanto nos alejamos un poco. Es decir, es una adición.
Por otro lado, uno de los últimos descubrimientos de la química del enamoramiento publicado en New Scientist por el equipo de investigación del profesor Bartel, indica que cuando los enamorados se miran se produce en el cerebro una anulación de la capacidad crítica. Bueno, ya sabemos que esa vieja frase de “el amor es ciego” ya tiene su confirmación científica.
Pero este “chute extra de hormonas amorosas” pasa pronto, y una vez pasada esa primera fase intensa, todo tiende a volver a su cauce. Así lo demuestran estudios de seguimiento de más de un año. Pero por propia experiencia, es lo que vivimos todos los que alguna vez hemos estado enamorados.
En la continuación de este artículo, titulado “Del enamoramiento al amor (2): Después del enamoramiento es el momento del amor” reflexionaremos sobre qué convierte un enamoramiento en amor y no en una aventura.
BUEN ARTICULO, REALMENTE A VECES SE CONFUNDEN LAS COSAS. TE APLAUDO Y FELICITO. UN ABRAZO