Algunas de mis islas favoritas en Europa, vistas desde la cabina de un avión. Lugares remotos, apenas habitados y casi todos muy poco visitados.
La verdad es que elegir sólo unas pocas no va a ser tarea fácil. Siempre me han llamado la atención los lugares más remotos, a los que cuesta llegar y casi nadie visita. Y una isla, es mucho menos accesible que cualquier otro lugar en tierra firme ya que la insularidad y la distacia limita mucho la facilidad para llegar hasta allí. Hay algunas muy pequeñas que han pasado años hasta que he tenido la oportunidad de verlas desde un avión, que las buscas pero que por no seguir la ruta precisa, o por causa de las nubes no he podido verlas hasta recientemente.

En España, lugares de los que hay muchas gente que ni siquiera ha oido hablar como los peñones de Alhucemas y Vélez de la Gomera en el norte de Marruecos, o la famosa isla del Perejil que supuso un pequeño conflicto con el país vecino hace unos años, sólo los he podido observar muy recientemente en vuelos a Canarias, De lo que hay por la zona aún me falta echar una ojeada a Alborán que con un poco de suerte y días despejados podré ver este verano. Columbretes por la dificultad de su observación y la precisa forma circular como la caldera del volcán extinguido que es en realidad, es una de las que me llama la atención. El peñón de Alhucemas junto con los dos islotes adyacentes te hace pensar en si realmente vale la pena matener una fortaleza tan pequeña, indefendible y recuerdo de tiempos pasados y en la permancia española sólo está justificada por la historia.

En Cerdeña, sin duda alguna Tavolara es la que más me gusta. Alta y alargada como la cresta de un dragón, habitada por unas pocas familias, y con una curiosa historia a sus espaldas habiendo sido reino y república independiente hasta el siglo XX que finalmente pasó a formar parte de Italia. El actual monarca, Tonino, regenta el único restaurante de la isla Otras que también me llamán la atención son la distante Montecristo en el archipielago Toscano. Cónica, deshabitada, muy poco visitada y lejos de todo y que inmediatamente hace pensar en la novela de Alejandro Dumas y su tesoro escondido.

Y ya más al sur, en Sicilia, me quedo con el encantador archipiélago frente a Trápani que despierta el deseo de quedarse y perderse allí hasta aburrirse. De las que tengo en mi lista de lugares que quiero ver están las Lipari. Desafortunadamente no están cerca de ninguna ruta que haga habitualmente así que pasará bastante tiempo hasta que surja la ocasión.

Cambiando de aires me voy ahora al Báltico. Vuelo al sur de Suecia, y lo que voy buscando es los acantilados blancos de Mons. Muchas islas hay en Dinamarca, todas de formas bajas y sinuosas, cubiertas de campos y bosques, pero Mons se distingue de las demás por tener una costa alta. Parece como si se hubiese escorado y un costado de piedra blanca haya quedado al descubierto. Sin ir muy lejos, pero en el mar del Norte, otra que busco es Helgoland. También muy muy pequeña pero habitada en uno de los dos islotes que la componen. Está en un sitio que nadie esperaría ver tierra. Como un granito que le ha salido a la superficie en un mar de fondos arenosos.
En el Atlántico cambiamos de paisaje y lo que busco son los acantilados y verdes campos de Shark. Me pregunto de qué vive la gente que vive allí, y donde se puede desembarcar ya que no he visto ningún puerto y toda la costa de la pequeña isla es muy abrupta. Aunque el resto de las islas del Canal son muy visitadas probablemente muy pocos vayan a Shark. Y una última en el Atlántico más bravo y ventoso, la elijo en la costa oeste de Escocia. Será Staffa que es toda una rareza geológica. Una base de columnas hexagonales de basalto que albergan una pequeña cueva y sobre ella otra masa de otro tipo de roca coronada por la hierba que da al conjunto un aspecto de magdalena gigante.
Y ya las dos últimas estan en aguas interiores. Una en el embalse de Mequinenza en el Ebro, ese que llaman el mar de Aragón donde pescan esos siluros monstruosos que trajeron los alemanes. La isla Mediana, con una forma perfecta de gota de gota de agua, se formó al inundar el embalse uno de los meandros del río. Todo un contraste de agua y sequedad al cruzar unos de los parajes más áridos del país.

Y la otra en agua dulce la situo en el enorme lago glaciar de Iseo, en los Alpes italianos. El lago rodeado de altas montañas en últimas cierra el valle antes de llegar a las tierras llanas de Lombardía. La isla es algo más que un pedacito de tierra. Muy verde y tan escarpada como las montañas circundantes la isla de Montisola es la mayor isla lacustre de Europa.
Me parece muy valioso que un piloto haga este tipo de aportes, además de llevarnos y traernos XD. Me gustó mucho el artículo, así como el que escribiste en inglés sobre el extraño comportamiento de los pasajeros italianos (http://tinyurl.com/5sn63h).
Tuve la suerte de ver un aterrizaje en la Antártida desde la cabina del avión, y escribí un artículo sobre eso. Puedes verlo aquí: http://tinyurl.com/6qrbft
Que suerte poder ver el mundo desde tan alto. Siento una sana envidia leyendo un articulo como este. Ojala pudiera hacer lo mismo.