Hermosas playas.
El epígrafe que da nombre a este comentario fue puesto en moda por Ripley, un individuo que se dedicó a buscar por el mundo hechos insólitos que se dan “aunque usted no lo crea” y nuestro querido Quintana Roo, México, en especial la ciudad de Chetumal, parece ser la cuna donde se gestan fenómenos o hechos que en otras partes pudieran no presentarse nunca.
Ejemplos sobran y faltaría espacio para enumerarlos, pero, a manera de ilustración podemos señalar algunos:
Nuestras Estado cuenta con las mejores playas del mundo y en lugar de preservarlas o mejorarlas, tratamos de hacerlas parecer a lugares como Miami. ¿Qué sucede con los turistas de aquellos lares? No les gusta el pan con lo mismo.
Nos cae del cielo una zona libre aledaña, que nos permite diversificar nuestra de por sí depauperada economía y ¿qué hacemos? En lugar de mejorar nuestras instalaciones de todo tipo para que los turistas que van a la zona libre, allende nuestra con Belice, empezamos a ponerle piedritas en el camino a aquello que nos da beneficios porque sólo un tonto no entiende que quien va a comprar a Belice, a fuerza tiene que pasar por nuestra ciudad capital y ¡algo va a comprarnos! Tal vez nos corroe la envidia, pero recordemos que ahora la zona libre está allá, porque nosotros matamos la gallina de los huevos de oro: el cliente es primero que nada y parece que todavía no hemos entendido que el turista, el cliente, el comprador, es quien nos hace el favor, y no nosotros a él. Igual pasa con los servicios públicos, sea Issste o Seguro, ¿de quién sale el dinero que ellos cobran? ¿De dónde sale el dinerito que recibimos cuando vendemos un objeto o un servicio?
La carretera a Mahahual —Vamos a ser inundados por gente que va a las zonas arqueológicas— se nos dijo. No quiero imaginarme la reacción de los representantes de los comerciantes locales, ¿ponen más piedras en el camino de los visitantes de los grandes barcos para que dejen de visitar esta zona? Hasta ahora no hemos visto el fluir de los turistas, ¿serán invisibles?
Como quiera que sea el turismo beliceño se derrama, sobre todo los fines de semana a esta ciudad, gracias a Dios, pero se encuentran con la barrera del horario que benefician en esta zona a ninguno de los turistas que nos llegan porque nuestros vecinos tienen la hora de Dios, como dicen los carrilloportenses que no modifican su horario con justificada razón, porque en ¿qué nos beneficia si ni los comerciantes lo respetan? Pruébelo tratando de comprar algo a nuestras ocho de la mañana. Salvo los negocios que por su giro tienen que abrir temprano, encontramos abiertos algunos…
Bien dice el dicho que lo pe…rico Dios lo da y uno agarra hasta donde quiere, pero hay algunos que ¡cómo abusan! ¡Dios nos libre de esos dizque comerciantes, porque así, Chetumal va a terminar como aquellas ciudades que crecieron con la fiebre del oro: Se acabó el atractivo y sólo quedaron ruinas de lo que en otro tiempo fueron ciudades de esplendor… ¿Será que a eso aspiramos? ¿A decir que de Chetumal sólo quedan ruinas?
Es bueno que no se les olvide que la zona libre no nos la quitaron, la perdimos, sí, matamos la gallina de los huevos de oro.
Para tener ese tipo de representantes… ¡más vale sólo, que mal representado!, como parafraseara aquel.