Qué se esconde detrás de este fenómeno mundial que atrapa cada vez a más televidentes.
Tanto en Yugoslavia como en Filipinas y en todos los otros países en donde este género es tan popular, no son sólo las mujeres las que se encuentran atrapadas en las redes del programa: también los hombres lo están. El escritor argentino , al hablar de las telenovelas, admitió: “La televisión paraliza mi familia real, contingente, ante la familia virtual a cuya construcción asisto estupefacto, suspendido en el tiempo – lo que es uno de los nombres de la hipnosis ligera. Esa paralización me sosiega terapéuticamente y me deja una ansiedad, un vértigo, una diferencia de potencial, hasta la próxima transmisión. De ella me sedo al final, en el happy end, pero sólo para recomenzar, neuróticamente, pues hacia la coda de toda telenovela siempre se levanta la cobertura de la próxima, y basta que se esbocen los temas, que me insinúen el preludio, que me nombren sus términos, para que nuevamente se desencadene mi ansiedad narrativa, generada por incestos, violaciones y otras infracciones del código (civil y semiótico) del parentesco. Es lo que se ha llamado el sistema narrativo del «cañamazo», tal como aparece en “Las mil y una noches”, en donde Cherezada comienza otro cuento hacia el término de otro, para mantener el suspenso del sultán”.
A este fenómeno también se lo denomina “gancho”, ya que es imprescindible en la telenovela terminar cada capítulo “enganchando” al televidente para que cumpla su cita en la transmisión del día siguiente.
Pero esta característica que tienen en común las telenovelas no es sino una ínfima entre tantas; hay otras características más “famosas”, que se podrían enumerar de la siguiente manera:
Sin embargo, en los últimos años los escritores han dado un vuelco al escribir telenovelas para acercarla más a la realidad: hacen esto al ajustarla con la actualidad. Este movimiento se denomina “telenovela de ruptura”, e incluye temas tales como la corrupción política, la impunidad, la mafia, etc. Este tipo de novelas ha desencadenado grandes reacciones sociales, ya que en algunos países se creía que ciertas telenovelas eran el reflejo indirecto de la vida de algunos políticos nacionales. Por ejemplo, en 1992 en Venezuela, la telenovela “Por estas calles” fue uno de los factores que llevó al presidente del país a renunciar. Cuentan los periodistas Araceli Ortiz de Urbina y Asbel López: “ ‘Por estas calles’ contaba el ocaso de un poderoso y corrupto gobernador, que para muchos televidentes representaba a Carlos Andrés Pérez, el presidente de ese entonces. Pérez se vio envuelto en un escándalo de corrupción y tuvo que renunciar dos años más tarde gracias, entre otras cosas, a esta telenovela”.
Televisa (méxico) tiene el poder de la eduación pública en sus manos. Desgraciadamente, la utiliza solo para mantener al pueblo contento en su ignorancia y para sacarle dinero a esa ignorancia. Es un negocio redondísimo.
Las telenovelas son como la comida chatarra: sabe bien para botanear pero no para nutrirse.
Totalmente de acuerdo con el Canibal. Parece que la anti-cultura de este mundo es mantener a cuantas más personas adictas mejor.
Gracias por tratar estos temas.