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Fórmula mágica para lograr una obra maestra

Exitoso método para escribir una novela de fama mundial.

Estoy seguro que alguna vez alguien escribió un artículo similar a éste. Pero yo vuelvo a enfatizar sobre el tema, sobre todo para aquellos viejos, que como yo, por diferentes razones, vieron truncados sus sueños de convertirse en escritor de profesión. Después de tantos años, engaños, desengaños y, por supuesto, celebrar tantos cumpleaños, encontré la verdadera fórmula para escribir una novela que sea reconocida mundialmente. ¡Y pensar que la fórmula siempre estuvo tan cerca de mí!

Primero por la radio y después por la televisión. Ya ustedes se habrán dado cuenta a lo que me refiero. Sí señores, se trata de usar la misma fórmula, por suerte para nosotros al alcance de todos, que usan los guionistas de las telenovelas. Como los temas son casi idénticos en las diferentes novelas que se trasmiten de lunes a viernes, de media mañana hasta la medianoche, en todos los idiomas y a través de todo el Universo, incluyendo otras galaxias, no hay ningún temor de caer en plagio ni en robo de derecho de autor. Solamente realice unos pequeños cambios y siga estos parámetros que yo voy a utilizar y que les recomiendo a ustedes:

  • Todos los personajes (protagonistas o no) deben ser bellos y la mayoría ricos. Si hay un protagonista (hombre o mujer) que al principio de la obra es pobre, porque tiene un trabajo que realiza el 90 % de la población mundial obrera, asegúrese que él o ella desconoce que es poseedor de una cuantiosa herencia que hará que su pareja protagónica le diga en alguna ocasión que siempre lo (la) querrá aunque vuelva a trabajar, casi siempre vendiendo flores o de sirvienta para la mujer, o de chofer o peón de finca en el caso de los hombres.
  • Todas las mujeres que intervienen en la novela tienen que estar enamoradas del protagonista y, viceversa, todos los hombres que intervienen en la novela tienen que estar enamorados de la protagonista, aunque estos enamorados tengan como pareja una mujer u hombre tan hermosos o más que los propios protagonistas. Una de estas enamoradas debe salir embarazada de su pareja para que pueda achacarle la criatura en camino al protagonista aunque éste no se haya acostado con ella.
  • El Malo (también bello) debe tratar por todos los medios de desaparecer a sus rivales. Usar medios como empujar a la victima por una ventana desde un piso veinte, chocar el auto por el lado donde está sentada la víctima con un enorme camión y otros actos brutales, pero nunca la víctima (protagonista y bello) puede morir. En todo caso permanecer en coma un tiempo que sirve para alargar la novela hasta que el Bueno se recupere (a pesar del aparatoso “accidente” póngale al Bueno un pequeño rasguño en la frente) y donde el Malo intenta de nuevo asesinar a la víctima en un hospital lleno de gente, pero que en ese momento no hay nadie por los alrededores, desconectándole los aparatos médicos o ahogándolo con una almohada sobre el rostro. Pero, recuerden, el Bueno no puede morir. Asegúrese que en el pasaje del hospital llegue alguien a tiempo para salvar al Bueno. Y también asegúrense que nunca van a aparecer las autoridades mientras el Malo comete todas las fechorías que la da la gana. La policía siempre aparece al final cuando ya no se necesita y sólo para apresar al Malo que como es bello no lo matamos. 
  • Ponga siempre en su obra, un inválido que después vuelva a caminar o un ciego que recupere la visión. Siempre debe haber un joven cuyos padres no son los que lo criaron. Nadie querrá decirle quiénes fueron sus verdaderos padres porque el padre era un simple campesino y la madre una prostituta. No puede faltar un cura que sabe los secretos de todos, pero no puede decir ninguno porque fueron dicho en confesión aunque revelar el secreto sirva para salvar la vida de algún personaje. Primero se hace matar al cura por cualquier método antes que éste rompa el principio de confesión. Al final siempre habrá quien revele el secreto, casi siempre cuando se está muriendo.
  • El Bueno sabe desde el principio quién la he hecho la vida imposible en toda la obra, pero no lo cree. El principal de los Malos siempre será alguien de la misma familia cuya razón fundamental para hacer el mal es la envidia. Envidia porque el Bueno es más bello, más rico, porque no mata a nadie, porque todos lo quieren, inclusive los que están afuera de la novela. El Malo siempre será Malo y siempre tendrá envidia porque en este tipo de novelas nunca le dan el papel protagónico.
  • Y al final no debe quedar nada oculto. Deben salir al aire todos los secretos. Se culpa y castiga al Malo por lo que hizo y se culpa, además, por lo que hicieron otros. Los Buenos saldrán ilesos de todos los contratiempos con los rostros más bellos. Todos se reirán, se casarán (deben haber como mínimo diez matrimonios cuando los personajes secundarios se casen entre sí después de las muchas negativas de los protagonistas a sus insinuaciones). En una sola palabra, el final siempre debe ser obligatoriamente feliz donde todos olvidan en un segundo las vicisitudes y muertes que ocurrieron durante el largo novelón.
  • No se rompan la cabeza en los diálogos queriendo crear un estilo que los diferencie del resto de los escritores. El diálogo debe ser comprensible para todos aunque con un profundo contenido. Como este ejemplo:

-Te quiero –dice la bella dama al galán.

-Y yo a ti –responde el galán.

-Nunca me separaré de tí –dice la bella dama al galán.

-Ni yo tampoco –responde el galán

  • En ocasiones pueden poner en boca de algún personaje importante de la obra una frase de la que él se sienta orgulloso de pronunciarla por su excelente significado. Una extraordinaria frase muy difícil de igualar, como ésta:

-Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

  • Y los nombres de los personajes. Los apellidos de los protagonistas no pueden ser ni Pérez ni Gómez. Tienen que ser apellidos poco comunes como Valdivieso o Riquelme. O compuestos como Montes de Oca o Duque de Estrada. La protoganista Buena, antes de convertirse en una Señora de Rivas, tiene que llevar llamativos nombres como Azul, Gaviota, Caramelo, Rubí.

Les dejo a ustedes el nombre de los varones para que aporten algo de sus cosechas a la obra. También les dejo para que busquen y coloquen en su debido espacio algunos detalles importantes como son: Todas las mujeres siempre están perfectamente maquilladas lo mismo durmiendo que saliendo del baño; las peleas y discusiones en lugares públicos y entre personas ricas y elegantes; no pueden salir a relucir en la obra lugares pobres y sucios. Todos los escenarios usados pertenecen a la clase adinerada; e intercalar mucha intriga, chisme y llantos con abundantes lágrimas. Puede que me hayan faltado algunos aspectos. Ustedes mismos los pueden encontrar. Es fácil. Vean telenovelas igual que la millonada de gente que las ven. Aunque no les gusten. Todo por el éxito.

Y yo les aseguro un éxito total, absoluto y definitivo. ¿Qué por qué estoy tan seguro? Por las razones más sencillas que existen. Porque si los temas para estas novelas no tuvieran una gran aceptación no las verían (leerían) las dos terceras partes de la población mundial. Calcule usted la cantidad de personas que se embobecen ante estos novelones con efectos más adormecedores que la droga más potente.

Porque en países pequeños se baja la guardia y se paralizan las fábricas por ver la novela. Porque el delito desciende cuando los criminales detienen sus actividades por ver la novela. Porque la novela provoca rompimiento de matrimonios por manifestaciones en contra o a favor de una determinada escena o actor. Y porque ese tipo de novela es una fuente inagotable de riqueza para aquellos que las escriben aunque sus nombres no aparezcan por ningún lado y a nadie le interese quién fue el que la escribió. En este caso, lo importante para Usted y para mí son las ganancias. Si nuestra obra no se convierte en maestra al menos será alumna de una obra maestra como las de las telenovelas.

Por último, está el título de la novela. Si Usted quiere puede usar el convencional. No hay problemas. Les aconsejo que siempre usen la palabra “amor” que produce un atractivo efecto sobre los oyentes-televidentes-lectores. Son títulos sensacionales: “Sufriendo por tu amor”; “Tu amor me enloquece”; “Siempre serás mi amor”. No importa que alguno de esos títulos ya haya sido utilizado. Busque sinónimos.

Por mi parte yo quiero hacer un pequeño aporte de mi creatividad. He encontrado varios títulos para mi novela con una palabra fija y otra por la que no logro decidirme. Les pido de favor, que no me vayan a robar mi magnífica idea. Los títulos pudieran ser: “La Tremenda Historia”, “La Tremenda Obra”, “La Tremenda Familia”, La Tremenda Pasión”. Quizás ustedes puedan ayudarme con el sustantivo adecuado. Aquí les dejo el título a medias de mi futura famosa novela para que ustedes coloquen sus opiniones después de los puntos suspensivos: La tremenda…

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