Una de las fiestas religiosas más importantes de Sudamérica tiene lugar en el desierto más árido del mundo.
La verdad es que mi ánimo fue cambiando con los días. Apenas me hube instalado y asumido que pasaría mis vacaciones de invierno en aquel lugar, me dispuse a vivir esos días con la mejor disposición posible, procurando abrir bien los sentidos y registrar la experiencia.
Pese a encontrarme ajeno a la religiosidad que inundaba el oasis las expresiones de ésta eran sobrecogedoras. Las bandas de bronces y los tambores no cesaban desde el alba hasta entrada la noche. Peregrinos organizados en cuerpos de bailes religiosos de diversos puntos de Chile y hasta de países vecinos danzaban frenéticamente durante horas por las calles del poblado hasta llegar a presentar sus respetos a la Virgen en el templo. Estos bailarines lucían los más diversos y vistosos atuendos y máscaras: diablos, duendes, chinos, árabes, osos, bufones desfilaban ante la Virgen.
Punto aparte es el cumplimiento de mandas a la Virgen en agradecimiento a los favores concedidos a los peregrinos. Muchos son los que llegan desde todo el país a visitar a la Virgen para agradecerle, pero también son muchos los que hacen un sacrificio extra, martirizando su cuerpo de las más variadas formas, como arrastrándose desde la entrada del pueblo hasta el mismo altar en el templo, o caminando de rodillas; dejando a su paso su sangre esparcida en el camino como testigo de su fe y fidelidad.
La “Chinita”, como así le dicen también a la Virgen por esas latitudes, contempla el espectáculo desde el sitio más privilegiado del templo, un altar elevado que, sin grandes lujos se impone desde el silencio y la altura.
Tal es el espectáculo humano sobrecogedor y apasionante de la Fiesta de La Tirana, que, por lo demás, debe su nombre a una bella leyenda:
En el año 1535, en su recorrido desde El Cuzco hacia Chile, el conquistador Diego de Almagro llevaba cautivo a un príncipe incaico llamado Huillac Huma y a la bella hija de ésta, llamada Ñusta Huillac. Cuando la expedición descansaba en el poblado de Pica, el príncipe y su hija, junto a numerosos indígenas, escaparon del cautiverio y se refugiaron en la espesura del bosque de tamarugos del oasis. Al tiempo, la bella Ñusta Huillac organizó una rebelión para combatir a los invasores, y su severidad y espíritu combativo le valieron el apodo de La Tirana del Tamarugal.
Un día, el expedicionario portugués Vasco de Almeida, que vagaba perdido por el oasis se encontró cara a cara con Ñusta Huillac y ambos se enamoraron en forma inmediata. Vasco de Almeida le pide que se bautice para que pudieran estar juntos más allá de la muerte que, con seguridad, les esperaba en castigo al amor que se profesaban. En medio de la ceremonia de bautizo son sorprendidos y asesinados por los indígenas.
En 1540 el fraile Antonio Rendón encontró una cruz en el lugar donde habrían ocurrido estos hechos, construyendo una capilla que llamó, en honor a la leyenda, “Nuestra Señora del Carmen de La Tirana”.
Debo decir que la visita a la Fiesta de La Tirana superó mis expectativas, y aún lejos de la fe, hoy puedo entender mejor a aquellos bailarines frenéticos. Lo lamentable es que este año, dada la pandemia ocasionada por la llamada Influenza Humana, la realización de esta fiesta es un punto de incertidumbre en medio de la fe de los peregrinos.
muchas grasias me sirvio demasiado para un trabajo besos chao
ola
vale estaba bueno pal trabajo
creo q deberian ponerle + informaciones e incluso aser un video de la tirana o no ?
Me gusto mucho la leyenda, y me ah servido mucho
para mi trabajo de la escuela. chao
hola me gusta el qeso con pan
hola hola hola aloja i love conejoos
uu la wea mas fome ni me ayudo
esta super fome osea
la wea fome, pero me gusta el pan con qeso ;D
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