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Acebo, las ramitas festivas de la navidad

A finales del siglo XIX, entre los preparados medicinales que se vendían en las boticas, estaban las hojas de acebo para el alivio de muchas e incontables dolencias, como el cólico, el sarampión o la tos ferina.

Hacia el sur, los primeros habitantes hacían preparaciones especiales con las hojas del acebo a la que le atribuían propiedades fortificantes y les entregaban más animosidad en la batalla. Pero no estaban tan equivocados al suponer esto, ya que el mate, infusión estimulante, de sabor amargoso, rico en cafeína, de masivo consumo en la región mas meridional de America del Sur, es una preparación de hojas de acebo.

A finales del siglo XIX, entre los preparados medicinales que se vendían en las boticas, estaban las hojas de acebo para el alivio de muchas e incontables dolencias, como el cólico, el sarampión o la tos ferina.

Durante los albores de la nación estadounidense, uno de los primeros en reconocer lo importante del acebo, así como parte de los festejos navideños, y en general como árbol decorativo, fue Jorge Washington. Muchas veces nombra en su diario al acebo, y es un hecho que cuidaba personalmente, y con mucho cuidado, su cultivo. Uno de sus biógrafos, el brillante escritor norteamericano Washington Irving, atribuyo equivocadamente la buena apariencia de la dentadura postiza de Jorge Washington, ya que creía que estas piezas estaban hechas en la blanca y dura madera del acebo.

Aparte de su valor de adorno, este árbol tiene otros usos. Su madera dura y compacta, de un blanco color y grano caso imperceptible, fue muy utilizada para hacer finos trabajos de carpintería, para tallas complicadas, para mangos y para el complemento de objetos de plata finamente labrados. También se han utilizado como cercos vivos para la protección de viviendas y familias.

Este árbol se da, tanto a nivel del mar como en las laderas de los altos cerros hasta los 900 metros de altura. Son favorables para su desarrollo los climas húmedos y templados, pero es capaz de resistir bien el clima seco. Es un  árbol delicado y fuerte al mismo tiempo. No solicita, como otros, atenciones ni cariños, más bien es de origen huraño. Y aunque pueda parecer una tontería, muchas personas dicen que este árbol siente simpatía o antipatía por los humanos. Cuando se le es agradable, el árbol lo demuestra, aunque con una altiva reserva, mostrando buen follaje y brillando sus hojas. Pero en cambio si no le caemos en gracia languidece abrumado por el desencanto y aburrimiento.

Son agradables los árboles con personalidad. Seria de mucho agrado que un árbol siendo ya viejo cuando yo nací, sea aun joven  cuando llegue yo a viejo. Un árbol que tenga el calor del sol y de la vida, pero también una pizca de independencia.

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