Van juntos pero no se tocan.
Desde este barrio, del que los vecinos poderosos del barrio de Retiro (ex Barrio Norte) rechazan desde el 2001 el proyecto de re-urbanización que propone el gobierno porteño por temor a que se forme un nuevo “gueto” como lo fuera el denominado “Fuerte Apache”, todos los días, salen familias enteras en hordas silenciosas con sus changuitos, bolsas y carretas salen a buscarse el pan en los deshechos de los barrios de arriba (literalmente). Cartones, papeles, latas, botellas, maderas, metales, plásticos. Todo es materia prima en el arte de cirujear.
Durante la tarde del domingo en la plaza Intendente Alvear, que por contigüidad con la que originalmente lleva ese nombre también es llamada Plaza Francia, todo es fiesta y arte. Artesanos y artistas de toda la vida se entremezclan con “buscas” ocasionales tratando de hacer algún peso aprendiendo malabares o vendiendo globos, algodones de azúcar, pororó o garrapiñada. La gente que por allí ronda, generalmente joven, pasea, disfruta aunque compran poco y nada.
Mientras tanto en el centro de cines y restaurantes “Village”, el Centro Cultural Recoleta y el coqueto Buenos Aires Design, la gente que por allí ronda, generalmente señoras con tapados o ladrones de estilos, pasea, disfruta, aunque también compran poco y nada.
De todos modos es cuando el sol empieza a caer el momento en que la historia del 1800 y pico parece repetirse.
Cuando el frío empieza a correr por las espaldas de los artesanos, los puestos de la feria comienzan a quedar desiertos. Los músicos comienzan a guardar sus repertorios y los malabaristas y capoeiras desaparecen casi en silencio.
A partir de allí uno puede ver como las señoras elegantes, que acaban de cumplir con su deber de fieles, saliendo de la misa de las seis pegaditas al paredón de la iglesia para no toparse con los mendigos de la puerta. Y si esto llegara a suceder miraran con desconsuelo, suspiraran (no maldecirán por que eso no es de fieles) y guardando las manos en su abrigo apuraran el paso.
Puede uno encontrarse a los señores que se recluyen en los bares de la esquina de la biela, en los del paseo del pilar o en los del centro “Village” que, a pesar de sentarse junto al vidrio, muy horondos con sus celulares a mano, no parecen notar que por las calles, recién llegados desde el barrio bajo de retiro, familias enteras van haciendo cola en la puerta del McDonald´s para esperar las bolsas negras que traen la cena. No reparan siquiera en las chicas que, vestidas de oficinistas esperan, yendo de un lado a otro, que algún gil requiera sus servicios o que al menos el policía de turno en la cuadra sea el que siempre les pide un “diego” para no llevarlas en cana.
Caminando un poco por la avenida Quintana, uno ve más clara aún la diferencia.
Los pesados portones de los palacetes se cierran detrás de autos importados que entran casi sin mirar quien viene por la vereda, apurados por miedo a que les roben el tapón de la nafta, mientras afuera los carritos de quienes revuelven en las bolsas esperan con sus rueditas cansadas, desvencijadas una nueva jornada de transportar los desechos de los vecinos, esencial mercadería que será clasificada y amontonada en los basurales en el centro del barrio para su posterior venta.
Por su parte pareciera que, quienes revuelven las bolsas de basura se sintieran desconfiados o tal vez sientan desprecio o por vergüenza o por fastidio, hacen su trabajo sin mirar a quienes pasan a su alrededor.
Tal vez por eso es que si bien trabajan en grupo, en familia, arrastran sus carritos en silencio, solo hablan entre ellos cuando están cerca y lo hacen en voz baja. Se comunican con miradas, con señas, con chiflidos.
El miedo, la desconfianza, el desprecio, el desinterés, la intolerancia de unos por los otros hace que en este barrio, hoy como hace doscientos años (cuando los terrenos que no eran de nadie comenzaron a ser poblados por todos), existan dos realidades paralelas, que se desarrollan, que cambian, que se acercan, pero que nunca se cruzan.

interesantes y bien escritos artículos que le enseñan a uno ribetes históricos de una ciudad de tradicón, que desafortunadamente conocí hace muchos años aunque placenteramente pero no he podido volver allí a recorrer sus calles y reencontrarme con los adelandtos de estas décadas pasadas. Mis felicitaciones y graci
as. Javi
Gracias a vos javi por haberte detenido a leer estas humildes anotaciones.
Saludos y que puedas volver pronto.