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Planificación y flexibilidad

Planificación como herramienta y potencial fuente de información. Flexibilidad como mecanismo de adaptación y cobertura frente a lo desconocido.

El estado de ánimo de los empresarios determina muchas veces si un proyecto se lleva a cabo o no. Los instintos animales, como fueran bautizados por J. M. Keynes, pueden llevar a sobredimensionar las consecuencias tanto positivas como negativas de los cambios de escenarios a los que los inversores están sujetos. Evaluarlos correctamente implica no dejarse llevar por los cambios de ánimo. En Uruguay, es posible aproximar estos estados de ánimo mediante la encuesta mensual industrial de la CIU que indaga sobre las expectativas de los industriales.

La encuesta de enero del 2008 indica que solo el 6% de los empresarios consideró que la economía iba a estar peor en los siguientes seis meses, mientras que 79% contestó que esperaba un contexto igual o mejor. Sin embargo, los datos de este enero muestran que el 34% de los encuestados consideró que la economía iba a estar peor en los próximos seis meses, mientras que el porcentaje de encuestados que espera una situación igual o mejor cayó a 38% (41 puntos menos que hace año).

Consultados sobre cómo evaluaban la situación futura de la empresa, 27% consideró que sería peor, contra 9% en el mismo mes del año anterior. En cuanto a las ventas de la empresa, 38% de los encuestados consideró que sus exportaciones caerían en cantidad. Adicionalmente, 20% prevé un cambio negativo en los volúmenes físicos vendidos al mercado interno. Doce meses atrás, los encuestados con expectativas pesimistas en estos rubros representaban 9% y 12% respectivamente, niveles que se ubicaban bastante por debajo de sus promedios históricos.

Más allá de que estas expectativas demuestren luego ser o no correctas, lo que parece claro es que el mundo actual y el que vendrá estará dominado por el cambio, la incertidumbre y la volatilidad. ¿Qué implica esto para las empresas y los negocios en general? Es razonable pensar que en un entorno siempre cambiante, las empresas más flexibles y más adaptables tendrán las mayores chances de supervivencia.

Lo anterior no quiere decir que las empresas deban abandonar sus planes de negocios y sus proyecciones de largo plazo; estos ejercicios son útiles en sí mismos, en tanto son herramientas de evaluación y análisis importantes.

Quizás lo importante es tener claro –hoy más que nunca- que las proyecciones que realizamos de costos y ventas, y los planes de negocios en los cuales todo marcha de acuerdo a lo previsto, son valiosas herramientas para la toma de decisiones, pero no son el futuro revelado. El futuro es casi siempre distinto a lo que habíamos imaginado, y suele estar lleno de sorpresas.

La planificación no debe conducirnos al error de creer que sabremos cómo se desenvolverá el mundo, o peor aún, ser un acto voluntarioso que nos impida ver que la realidad ha cambiado. La volatilidad de nuestro entorno castigará cada vez más a quienes no perciban los cambios a tiempo. En este contexto, las empresas y los negocios deberán ser organismos adaptables, flexibles, prontos para aceptar cambios de entorno que se presenten y reaccionar acordemente. Planificar no debe ser un intento por adivinar el futuro, sino un ejercicio que nos prepare para lo incierto.

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