Un negocio es como una semilla. Al inicio hay que cuidarlo, mantenerlo, cultivarlo, abonarlo. Al paso del tiempo nos brinda frutos, nos da sombra y nos permite más semillas para sembrar más árboles. El negocio nos da oportunidad de abrir otros negocios.
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Primero: Un negocio se hace, siempre y cuando usted sepa como instalarlo, como funciona e identificar donde están los clientes que estarían dispuestos a comprar sus productos o servicios, es decir, como entra en el negocio y como sale del negocio, con utilidades netas.
Segundo: Separe la inversión de su negocio de sus cuentas personales. La separación debe ser abismal; espere a que el negocio empiece a mostrar rentabilidad. A veces sucede al segundo año, de funcionamiento, claro, si usted es disciplinado, constante y respetuoso con su negocio.
Tercero: Como inversionista, o comerciante o empresario, prepárese física, mental, espiritual y profesionalmente para manejar su negocio, no deje todo a la sola experiencia ni a las corazonadas. Busque ayuda profesional con personas expertas. Consulte a los expertos teóricos y también a los expertos prácticos. Ambos son importantes.
Cuarto: Convénzase de esto, crea que puede y lo hará. Muéstrese siempre dispuesto a colaborar con sus clientes, ayúdelos, oriéntelos. Manténgase agradecido con todos los clientes, le compren o no.
Quinto: Deje que sus clientes, también ganen, para que su negocio se convierta en alternativa de ayuda. Piense en ser creativo siempre creativo, deje de competir. Usted debe ser el origen de la creatividad. Sus clientes son aquellos que compran de contado y a crédito, pero que siempre cumplen. Cúmplales usted también.