Una acción para emprender un nuevo negocio es para que éste se concrete y trascienda. Y, ¿por qué en ocasiones no sucede así?
Cuando una persona (mujer u hombre) inicia una acción para crear o constituir un nuevo negocio que genere ganancias, o participar en él, la incursión lleva implícito el propósito de que se concrete, se sustente por sí mismo y de que trascienda en el tiempo. Pero, en la realidad, de manera frecuente no sucede así. ¿Qué sucede entonces?….
Lo negro. En no pocos casos, las ideas y los proyectos para emprender un nuevo negocio, se quedan en el papel y/o en las cabezas de sus creadores. O, no superan las etapas de iniciación o de sobrevivencia, sin llegar jamás a la de madurez y de permanencia. Por consecuencia, de manera prematura cierran y desaparecen, y/o, en su caso, el emprendedor se da de baja en automático. Ante esta situación de impotencia, el sujeto se enfrenta a las experiencias negativas del fracaso y la frustración…. ¿Por qué?

Sí…con la depresión que causan estas experiencias, se pueden elaborar muchas racionalizaciones, encontrar igual número de justificaciones y culpar a otros, menos a uno mismo, de lo que haya sucedido. El hecho es que sucedió, y hay un responsable. ¿Por qué se dieron estas experiencias?
A casi nadie escapa, que en la edad de los viajes espaciales, de las ciencias, las tecnologías, la computación, la globalización y el Internet; aún haya muchos/as que siguen creyendo en los santos reyes, que todo les va a caer del cielo, que se van a sacar la lotería, en las corazonadas (les late), en las creencias de los iluminados, en sus fantasías nocturnas, en los juegos de azar o en su destino manifiesto, como en muchos otros mitos y ritos.
No, en la actividad emprendedora no hay magia, ni bastan las buenas intenciones ni los buenos sentimientos o emociones, aquí se expresa un mundo real, material y concreto. Y, queramos o no, tenemos que generar riqueza para nosotros, los nuestros y los que vienen atrás.
El Universo es infinito, y cuenta aún con muchas reservas, para quienes, todavía, no lo han sabido investigar, a fin de concretar su realización personal. Cuando alguien emprende una acción de negocios, por regla general, lo primero que se le ocurre es voltear a ver a los más cercanos para hurgar acerca de lo qué hacen y cómo es que ganan cierta cantidad ¿abultada? de ingresos. Así los convierte en sus santos, sus guías o sus progenitores.