Comparación entre el caso de la ex-cirujana general Antonia Coello y el caso de fraude en el Instituto del SIDA de San Juan.

En Junio de 2009, la Dra. Antonia Coello de Novello se declaró culpable por defraudar a la ciudad de Nueva York, al utilizar empleados de la ciudad que estaban bajo su supervisión para que hicieran trabajos personales. Se estimó el costo en $48,000.00. De origen puertorriqueño, Coello fue la primera mujer nombrada Cirujano General en los Estados Unidos. Ahora la doctora tendrá que restituir el dinero, pagar una multa y realizar trabajo voluntario en una clínica de dicho estado.
Este caso me acordó otro que viví muy de cerca, cuando era empleada de Advanced Community Health Care, mejor conocido como Instituto del SIDA de San Juan, Puerto Rico. Hace diez años, en 1999, el gobierno federal culminó la primera fase del caso, en el cual resultaron convictos por malversación de fondos la administradora de la institución, su oficial de personal, un médico, un senador, y el custodio de la propiedad del Instituto. Una de las personas convictas fue la licenciada en farmacia Jeannette Sotomayor, mi supervisora directa.
El 19 de octubre de 1992 comencé mis funciones en el Instituto del SIDA de San Juan. En ese momento era una empleada temporera que cubría la licencia por maternidad de la secretaria de la administradora del centro de salud. Al vencerse mi contrato como temporera, había surgido un puesto permanente con el Instituto, para el cual yo cualificaba, y se me hizo un nombramiento. Nunca tuve quejas sobre la licenciada Sotomayor como supervisora. Ella respetaba mi trabajo y me dio oportunidades de crecimiento. Como supervisora, exigía que cada empleado cumpliera con sus responsabilidades; era accesible y motivadora. Sobre sus actividades ilegales, sólo puedo comentar lo que todo el mundo ya sabe, lo que es de conocimiento público, porque salió en todos los medios de prensa. Esas cosas las mantuvo muy ocultas.
El Instituto del SIDA ofrecía cuidado de excelencia a pacientes VIH positivo y con sida. A principios de la década del 90 las personas infectadas con VIH tenían un pronóstico muy difícil. Pronto entraban la etapa 4, con sus tristes consecuencias: toxoplasmosis cerebral, cáncer por Sarcoma de Kaposis, candidiasis esofágica, pulmonía por pneumocistis carinii e, incluso, tuberculosis. Eventualmente, los pacientes morían a causa de las complicaciones del sida. Hoy día, gracias a Dios y los avances de la ciencia, el sida se considera una condición crónica para la cual existe un sinnúmero de tratamientos y alternativas. Me siento honrada de haber presenciado junto a tantos pacientes la evolución en los tratamientos. Al día de hoy, los pacientes con VIH incluso llegan a tener una carga viral indetectable si siguen el tratamiento al pie de la letra.
Fajny post