El mundo no se acabará con la actual crisis económico-financiera, pero traerá daños
materiales superiores a los de las dos guerras mundiales del Siglo XX. El panorama económico es deprimente.
En general, la actual crisis económica financiera se ha constituido, en lo material que es el dinero, en una experiencia muy amarga para la mayoría de los seres humanos. Afectará más a los que menos tienen o han tenido. De todas maneras, la abundancia y la riqueza del Universo no se han ido ahí siguen estando. En estos tiempos, debemos reaprender a compartirlas.
Hasta donde nos es posible deducir, los daños materiales que esta crisis, largamente anunciada, dejará serán superiores a la suma de los causados por la llamadas Primera y Segunda guerras mundiales del Siglo XX, próximo pasado. Cabe aclarar que aunque no se hayan presentado los enfrentamientos bélicos.
Las economías individuales, familiares, empresariales o de negocios asícomo las nacionales, podrían quedar reducidas a los niveles más bajos de subsistencia con el retroceso de 100 años. Hacemos votos que estas condiciones, en el mediano y largo plazos, no se constituyan en los orígenes de desintegración familiar, de nuevas revoluciones locales, o en enfrentamientos bélicos entre países o estados que puedan poner en riesgo la estabilidad y la paz regional y mundial.
A nivel del individuo, se pierde el empleo u ocupación, se detienen los ingresos, se mantienen los gastos fijos, se suspenden los pagos del automóvil, del predial, de la renta, de la hipoteca, de créditos varios (como la tarjeta de crédito bancaria), de servicios públicos (como el agua, la energía eléctrica), de servicios profesionales (como el dentista, el médico, el abogado, la clínica, el hospital), de colegiaturas, de diversiones, vacaciones y esparcimiento, de mantenimiento del vehículo, de los seguros, etc.
A nivel de la empresa o el negocio, bajan las ventas, la producción, en su caso, se despiden trabajadores, se suspende o se retraza el pago a proveedores, se suspenden o se limitan las compras, se detiene el pago de impuestos, de aguinaldos, de utilidades, se retraza el pago de las cuotas institucionales (seguro social y anexos), se cancelan los seguros diversos, se detiene el pago de los servicios de telefonía, se cancela el Internet, se cierran locales, sucursales o plantas industriales, etc.