La figura de este asombroso detective británico se hace presente en los tiempos más inesperados.
Quizás porque no había ejercido antes el oficio de profesor me sorprendió que mis alumnos de primer año de secundaria manifestaran conocimiento y aún aprecio por la figura de Sherlock Holmes, toda vez que es bastante conocida la apatía de los estudiantes por la lectura.


Mis primeros recuerdos de Sherlock Holmes me transportan a mi más lejana infancia. Como hijo único hasta ese momento, y a causa de mi padre, desde pequeño manifesté un gran gusto por la lectura y, dentro de un vasto universo de personajes asombrosos, el de Sherlock Holmes me era particularmente querido.
Hoy quizás mi visión acerca del famoso detective británico es todavía de admiración, pero debe carecer de la pureza particular de la mirada de un niño. Sin duda mi mirada actual se encuentra mediatizada por los años y el estudio. Por eso, después de descubrir el gusto de mis alumnos por un personaje que, en gran medida, marcó mi cercanía con la literatura, decidí redescubrir personalmente a Sherlock Holmes con una nueva mirada.
No había otro punto de partida posible. Me dispuse de inmediato a la tarea de reabrir mi vieja edición de “Estudio en escarlata”, a mi juicio un libro fundamental para entender toda la obra que Conan Doyle edificó en torno al mítico detective británico.
En “Estudio en escarlata” lo principal no es la historia policíaca ni la resolución del misterio, sino la relación que se establece, o nace, o se funda entre Sherlock Holmes y el que será, a la postre, su íntimo amigo y narrador de sus aventuras, el doctor Watson.
“Estudio en escarlata” cuenta cómo Holmes y Watson se conocen con el objeto de rentar en conjunto un piso en la célebre Baker Street. Así se conocen y comparten su primera aventura detectivesca.
En su primera parte, el libro es narrado por el propio doctor Watson, médico militar británico que regresa herido de la desastrosa batalla de Maiwand y se encuentra empeñado en rehacer su vida en el mundo civil. Watson no ha sido capaz de manejar sus recursos con prudencia y, de un momento a otro, se ve en la necesidad de encontrarse con alguien que necesite rentar un piso a medias. De esta manera conoce a Sherlock Holmes, de quien no encuentra referencias muy concretas y que llega, con su genialidad, a exasperarlo y al mismo tiempo a encantarlo.