Irónica, irreverente, plena de musicalidad, la poesía del colombiano León de Greiff sigue siendo uno de los aportes más sgnificativos a las letras hispanoamericanas.
Por la forma como nos corresponde asumir un pasado aldeano de muy pocas fisuras en Colombia, el encuentro con los poetas será siempre difícil en la lectura donde la pasividad no cuenta y el simple comentario será insuficiente para saber hasta dónde el hombre es inferior a su circunstancia o termina por imponerse a ese maridaje que Ortega y Gasset nos deja como premisa. Y no es que sea asunto de generaciones, pues el verdadero creador no tiene edad conocida porque en él nacen y viven a un tiempo los hombres que se negaron a vivir. El poeta, desde Horacio hasta Whitman, desde Antonin Artaud hasta Cesar Vallejo, es el hombre en su auténtica expresión de vitalidad. La poesía, desde luego, es el desiderátum, pero una vez más hay que oponer el sentido de la palabra poética a la simple banalidad. Lo que hay en León de Greiff es definitivo. Volver a su poesía, detenernos como espectadores curiosos en su obra es comprobar la proximidad de esa voz genuina que a todo poeta le corresponde desde el instante en que ha sido tocado por el verbo. Germán Arciniegas, en el prólogo a la antología que sirve de orientación a esta lectura, descubre esa cualidad personalísima de De Greiff en su propósito: “quien diga que puede seguir el laberíntico embrujo de León en sus tres mundos, en la narrativa, sabiéndolo todo, es un ingenuo”. Mas allá de la generosidad, el concepto de Arciniegas revela el compromiso del poeta con un universo incontrovertible, genuino, auténtico…
Siguiendo la huella interpretativa de algunos historiadores y críticos literarios, sorprende la falta de consenso en torno a la clasificación de su obra. Contra cualquier exigencia de fichero, lo que cuenta en De Greiff es la variedad de procedimientos utilizados para la afirmación de un estilo, máxime en un país donde las escuelas literarias se daban como reflejo de postulados estéticos cuya legitimidad empezaba a ser cuestionada inclusive en ámbitos europeos.
Hay que vivir la poesía de León De Greiff, dejarse arrastrar por las múltiples variantes de inspiración para sentir ese retorno sistemático a los elementos cohesionadores de su lírica. Lo común sería señalar como características lo arcaico, lo terrígeno, el uso de latinismos y neologismos y esa cuota de virtuosismo que De Greiff imprime a sus producciones. De ahí lo macarrónico en tanto definición de un estilo que justifica, en últimas, la presencia constante de la obra poética.
que porqueria
jajaja
se nota que no sabes nada de poesìa…..