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John Cheever: literatura y contaminación

Una novela premonitoria sobre la devastación del medio ambiente, escrita por uno de los escritores norteamericanos más importantes del siglo XX.

La justificación de ese caos agobiante se concretará en la impotencia del crimen, en la apelación a la violencia por fuera de las normas sustentadoras de un ordenamiento en el que se hallan involucrados los miembros de una colectividad históricamente consolidada. Tras el asesinato del abogado encargado de investigar el caso de la laguna Beasley, se hace imprescindible la intervención de los ecólogos. Sólo que ahora Lemuel Sears ha encontrado a los culpables ocultos bajo una sigla: Junta de Planeamiento de Janice, la ciudad donde se encuentra el foco de contaminación.

Nada se sabe de los legisladores de la muerte, pero un defensor de la vida está en plena actividad: “Chisholm había sido profesor de bioquímica en una escuela secundaria pero había llegado a sentir que los peligros que corría el ambiente a su alrededor le sugerían imperativamente hacer lo posible por corregir esa amenaza a la vida en el planeta o por lo menos a informar a las víctimas potenciales”.

Este personaje mediador, dotado de un gran instinto de preservación del ambiente, desempeña un papel episódico en el rol de la novela. Su virtualismo lo lleva aun a salvar la vida de un recién nacido a fin de devolver a los padres la felicidad perdida por culpa de la memoria, ese otro elemento afectado en el proceso de enajenación. De su corta intervención en favor de la causa sólo queda un incidente oscuro que lo borrará definitivamente del medio al que pretendió transformar. El tono de teatralidad exhibido por el vocero de la Junta de Planeación, su referencia a un deber moral con la imagen paterna, fija el punto de ruptura entre la necesidad de un ambiente sano y la invocación a un pasado de leyes inflexibles: “Si yo le hablara a él (a su padre) de contaminantes me pediría que hablara en inglés. “Estamos en los Estados Unidos de América, hijo”, me diría, “y quiero que hables en inglés. Los nombres de los contaminantes suenan a idioma extranjero”.

El final de la novela parece tan absurdo como la sucesión de hechos adversos para un personaje que oscila entre un amor real de caracteres existenciales y un amor ideal basado en un permanente contacto con la laguna. Corresponde a Betsy, la madre agradecida con el difunto Chisholm, el empleo del chantaje como último recurso: “Dejen de envenenar la laguna Beasley o envenenaré la comida en los 28 Buy Brite”. Este sencillo mensaje acompañado de una visita al supermercado pone fin a la contaminación de un paisaje que, en efecto, parecía un paraíso. Lemuel Sears no ha triunfado del todo en el amor, pero en éste será tan obstinado como en su primera lucha. Una vez cumplido el ciclo de la lectura queda en nuestra conciencia una conclusión justa: John Cheever nos ha dado una lección de amor por un mundo sujeto a la constante devastación de sus recursos. Y esto es ya suficiente para considerarlo como un escritor de actualidad.

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