Los temas recurrentes de este libro.
Por tanto, al considerar el lugar del diseño en el futuro, una cuestión importante que requiere respuesta es si los diseñadores serán meros tecnócratas, que dediquen sus capacidades al mejor postor comercial sin importar a qué objetivos sirven. O si existe un ámbito con finalidad social y ambiental que requiere reconocimiento en su trabajo.
Hasta qué punto esto se sigue ignorando, incluso en la mayoría de los aspectos básicos de las sociedades avanzadas, se hizo notorio en la campaña de las elecciones presidenciales estadounidenses de noviembre de 2000, cuando el diseño de los instrumentos electorales que las procesan fracasó al comunicar a los ciudadanos cuáles eran sus opciones de voto, revelando una falta de feedback en la confirmación de las opciones de voto y sin dar la oportunidad de rectificar un error.
La discusión acerca de posibles soluciones se ha basado principalmente en la consideración del hardware y su coste. Si los cajeros automáticos de los bancos fueran tan inadecuados en sus procedimientos habría una gran protesta, pero parece que reivindicar los derechos democráticos no tiene tanto peso como ser exigentes con las funciones comerciales.
Si efectivamente hay que humanizar la tecnología y hacer que sus beneficios lleguen a la mayor parte de la población de todo el planeta, es necesario reconocer que son los diseñadores quienes determinan las interfaces precisas en todas sus formas, las cuales implementan la tecnología en la vida cotidiana. Hasta qué punto los valores que encarnan sus diseños se dedicarán principalmente a generar beneficios, servir a la gente o armonizar con las preocupaciones ecológicas, y si todo ello podrá combinarse en una especie de equilibrio comercial viable, son asuntos de no poca importancia.
Contestar estas preguntas y muchas otras también significativas requiere como condición previa que el diseño se considere un factor decisivo que da forma a nuestras vidas, constantemente.
Existen pocos rincones de nuestro entorno, o escasos aspectos de los objetos y las comunicaciones que nos rodean, que no puedan mejorar en mayor o menor grado, en uno u otro nivel. Sólo cuando entendamos que todas esas manifestaciones de diseño son el resultado de opciones -hechas en nuestro nombre, pero en la mayor parte de los casos sin nuestra participación-, podrá cambiar el significado del diseño en el mundo contemporáneo. Sólo cuando el diseño sea adecuadamente entendido, estudiado y definido como algo vital para todos, empezará a comprenderse plenamente el potencial de esta capacidad humana.