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El pintor

Reseña biográfica de un célebre pintor bogotano que vivió en el siglo XVII, cuando la actual Colombia era colonia de España.

Para Myriam

El 9 de mayo de 1638 en una casita situada en la Calle del Volcán de la capital del Nuevo Reino de Granada, los esposos Bartolomé Vásquez de Arce y María Ceballos, santafereños pobres y honrados, tuvieron su segundo hijo, a quien bautizarían Gregorio. El primero, Juan Bautista, corría trastabillando por el empedrado de la calle y ya emitía sus primeras palabras.

Ingresar como alumno al Colegio de San Bartolomé no era fácil por la cantidad de solicitudes que excedían los cupos disponibles cada año. Bartolomé Vásquez acudió a su pariente, el ilustre santafereño, notable escritor, Bruno de Valenzuela, el que años atrás hiciera construir una capilla en la cima de uno de los colosos cerros guardianes de la villa por el oriente, capilla que consagró a Nuestra Señora de Monserrate. Bastó, claro, la recomendación del Monge Cartuxo, que antes de profesar se llamó Fernando Fernández de Solís y Valenzuela para que admitiera el colegio al niño Juan Bautista.

Cuatro años después, cuando Gregorio cumplió diez, fue más fácil su ingreso, pues su aguda inteligencia y su extraversión cautivaron a los jesuitas. Sin embargo, al cabo de un lustro, Gregorio solo se distinguía en dibujo y había inducido a su hermano mayor, juicioso estudiante, a competir en el trazo de cuanto vieran. De hecho Juan Bautista descuidó también las otras materias.

Los jesuitas llamaron a Bartolomé y le dijeron que ni a dos tirones sus hijos terminarían estudios, pues ambos andaban dale que dale con la pintura. Que mejor lo pondrían en contacto con el taller de los Figueroa, proveedor de cuadros para la comunidad, a ver si los recibían como aprendices.

El taller de la familia Figueroa, el más famoso del reino, lo estableció el sevillano Baltasar de Figueroa, que se conocería como ‘el viejo’, quien se ubicó primero en Mariquita. Tiempo después lo ayudaría su hijo Gaspar de Figueroa, mariquiteño, que estuvo algunos años en España trabajando en un obrador andaluz, donde superó las enseñanzas de su padre en preparación de barnices, telas y pinceles y aprendió más trucos del oficio. De regreso a Santafé se casó con la santafereña Lorenza de Vargas y montó su taller. En Santafé nació su hijo Baltasar que, para diferenciarse de su abuelo, firmaría Baltasar Vargas de Figueroa. De éste se dice que aventajó como pintor a sus antecesores. Cuando llegaron los Vásquez era el maestro.

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One Response to “El pintor”

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