Descriptiva.
Somos prisioneros de la forma que le vamos dando al mundo, el receptáculo mental va obedeciendo órdenes de hasta el más sutil de los pensamientos. Hace frío, los árboles tímidos están, grises como el cielo, observo la gente caminando por una vereda, apresurada a dar forma a sus propios mundos en un laberinto que los pierde de ser únicos, como escapando de sí mismos, como obedeciendo las formas de una mente suprema, que se manifiesta en los altos edificios, como si fuese imposible escapar a la ley de este mundo, como si las mentes estuvieran dentro de otra mente.
Observo la agresividad en la ciudad por apoderarse de lo territorial, cómo las mentes se invaden unas a otras, en una falsa superioridad que resalta lo animal a una velocidad descomunal. Estamos acabando con todo, el equilibrio que la naturaleza nos brindó por la continuación, la hermandad por el egoísmo acentuado por todo un sistema, la caridad por el negociado, la vida presente por el plan que deje a muchos sin nada, la familia por la soledad en la ciudad.