Idiosincrasia vista por alguien que los visita.
Voluptuosos aguaceros y bosques prehistóricos; bastante aire; mucha agua; millones de verdes; rojos, naranjas, azules y amarillos todos como verdosos, espejismo gustoso por agotamiento de la vista; muchísimos animales y en contraposición un justo número de gente inesperadamente grises, pero no de ese de ausencia de mejor color; sino gris culto, crecido; gris por decisión; también se encuentra gente marrón, tabaco, café, chocolate; buen marrón; nada tiene que ver en esto el tono de la piel; es más etéreo como del aura; algunos con estos mismos colores pero que ostentan un sutil brillo; no el vulgar de oro nuevo; sino un brillo maduro, fino; de pátina de metal; brillo antiguo, experimentado; brillo con mucho tiempo ya de brillo, distinguido.
La singularidad cromática, considerando el sitio, al parecer atiende a la necesidad de camuflarse entre ellos, camaleónica discreción; que también les sirve para distinguirse de la belleza inmediata y escandalosa del color; del estallido de color estereotipo del trópico y que les ha servido para no sucumbir y dejarse apabullar por ese mismo trópico. En algún feliz momento entendieron como pueblo que si se permitían vegetar como una escena más de este paisaje y se abandonaban para siempre a la cómoda y gratuita exuberancia, a la despreocupada inercia del vivir por sobrevivir; su historia hubiera sido como la historia de la tierra; en extremo lenta para notar cambios en el tiempo de una vida o de generaciones recordables de una misma familia.
El aprovechar lo mejor que se pudiera de la tierra, pero sin dejarse apocar por ésta, es una de las decisiones inconscientes y colectivas que definitivamente los distingue; toman de la tierra lo que generosamente les ofrece pero guardando la distancia; como inquilinos que por estar de paso se niegan a encariñarse; Sin que esto se deba a un problema primario de inestabilidad; más bien se trata de una predisposición natural al cambio; de movilidad de la aptitud; de un empujar entre todos hacia el cambio para mejorar; siempre están en desapercibido y constante cambio.
Su comportamiento da la sensación de haber asumido genéticamente la condición geográfica de puente o de estrecho paso; por eso también debe ser que son tan buenos para interceder; para mediar y deben ser por eso que son tan buenos conservacionistas; porque cuidan mientras tanto; mientras llegan los demás; porque tomaron verdadera conciencia de estar de paso; de no pertenecer definitivamente aquí; de que son de muchas partes; algo asi como venimos de lejos, pero queda aun más lejos hacia dónde vamos; y es que definitivamente aquí estamos todos de paso; en la tierra y en el tiempo; entre el pasado y el futuro.