Hoy me olvido que estoy en el desierto. Mi hijo menor, que quiere ser escritor, me hizo conocer al francés Breton (sabía que existía pero nunca me interesó), quien propuso el sistema de la “escritura automática”, base del llamado surrealismo de principios del siglo 20. Con esa idea me senté frente al teclado y esto me salió.
Hace una hora pensé en Mónica cuando hace quince añós me decía que su marido era frío. Teníamos feeleng, química. Me insinuó que podíamos tener una aventura. Fuí un imbécil, no la llevé a la cama. Tenía los hijos chicos y el marido no la hacía vibrar.
Me decía que no conocía los moteles con espejo en el techo.Pude haberla enfiestado. Hace un año la topé de frente en un supermracdo. Me sorprendió y no le dije nada. Nos conocimos, ella urgente se perdió entre las góndolas. Debí seguirla. Ella fue una gran oportunidad sexual y no aproveché. Me habrá guardado desprecio, habrá pensado que era un boludo.
Fui tres años su paciente hasta que un día me dijo que no podía atenderme más. Me consuelo pensando que la relación se podía volver incontrolable. Si la enfiestaba podía patear el tablero y dejar a su marido y a sus hijos. Esa parte no me convencia.
Primero estaban mi esposa y mis hijos. Era linda, rubia y de buen físico. Una cola parada y una mirada intensa. La he soñado varias veces y triste, parecía que me llamaba, algo decía y yo no la escuchaba.
Tomé el alplax y el sueño no llega. Suele hacer efecto a la media hora. Lo empecé a tomar por los ataques de pánico hace diez años. El primer ataque vino una noche que volvía a casa en la ruta. Fue una sensación horrible, parecía que moría en segundos. Era una angustia rara, la sensación del final era apabullante. Se me pasó cuando entré a la ciudad. Fui al servicio de emergencias. Me hicieron un electro y me dijeron que el corazón estaba bien. Un médico me recetó alplax. Me dijo que era el estres, es lo primero que se la había ocurrido.
Desde aquella época lo tomo cada día. Llevo siempre tres en el bolsillo. Hay días que no he tomado ninguno. El psicologo me dijo que lo dejara, no le di bola. El muy boludo no sabía lo horrible que era el pánico y esa loca angustia de inminente final, de muerte en segundos.
Ahora escucho un gallo, hora extraña. Suelen cantar más temprano. El tipo se quedó dormido. Un gallo dormilón. Afuera hay cada vez más ruidos, llega la mañana. De pronto el alplax empieza a darme sueño. En un par de minutos me meto en la cama.
Hasta aquí llegué. Lo escribí sin razonar, sin pensar, de un solo tirón.
Saludos automáticos.