Empiezo a divagar…
La finca del finado y refinado pariente hizo que el chorizo se encareciera sin caricias y albricias…¡Qué gran palabra!, caricias…pétalos de rosa en tus mejillas, mejillones del mar en tu solapa, que destapa tu figura, hermosura del lago hecho espejo, sin pellejo que lo cubra siquiera, de alabastro, astro guía de marinos, figura femenina del espolón de la quilla, rosquilla que se desenvuelve al subir la marea, que al que no conoce se marea con ver y sentir el subibaja del barco, de la olas, de las nubes.
Cantan las ranas…
En las ramas del viento, de los rayos verdes de tormentas vagas, que vagas por mis venas dejándome espinas; te adoro cantando, bailando con varillas de pieles de borregos ciegos, de sapos saltando, de vocales sofocantes, de campanas que suenan, de luces del faro que alivia al viajero, que el marinero mira sin tener la meta.
Meta la pata, el pato con patines de hule, seguro, de ilusiones sin pena, que lloran de gozo sin notar al muerto.