Mañana, sombra, bullicio.
La fresca brisa de la mañana, los pálidos y tenues rayos de luz traspasando la lúgubre sombra que se aleja, dejando un hastío de recuerdos, formas, sueños, locuras, lujurias, ensueños, quimeras, todos de la misma forma.
Y con el bullicio del trotar del los autos, las aves que cantando su alegre tonada, le dan la bienvenida al Todopoderoso por el nuevo día.
Estás ahí, como un reflejo en mis pensamientos, van dando forma y figura. Subo a mi auto, me remonto por la fría carretera hacia mi trabajo, algunos más apurados, otros menos, cada uno con sus propios problemas, sus luchas; unos preocupados, otros tristes, alegres, nostálgicos, tasi turnos, soñolientos, van y vienen, entran, salen, corren, todos como si el universo en un instante se detuviese en su agigantada marcha.
Terminado el tiempo, regreso y la vida continúa en una misma forma, detenido en el silencio, buscando la razón del mismo pensamiento, encuentro que es hermoso y vale la pena existir por el simple hecho de estar vivo, moverse, amar, llorar o cantar…
El toca a tu puerta y te dice: “Ven conmigo, caminemos juntos, aquí estoy esperando por ti”.
Por eso, ámame cual centinela a la mañana, como la noche al día, como el esposo a la amada, el artista a su obra magistral sin forma ni figura todavía. El cachorro que espera a la anciada comida, la tormenta bravía anhela la calma, como el guerrero buscando la paz que no halla, ámame sin fronteras, deséame y búscame.
No te detengas porque en su andar te está buscando, y quiere compartir hasta el éxtasis todo contigo.