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Perú, ríos y Tayro

Ficción. Conquista española siglo XVI. Iluso intento de llegar al Perú remontando el río Magdalena de Colombia. Imaginaria pecorea del oro americano que hinchó a España.

El doctorcillo se enteró por infidencias de algunos almogávares que aspiraban a ganar su valimiento, que el capitán Rodríguez, en el curso de la andadura, dio muerte a los otros oficiales que codirigían la incursión. Empero, no se le escapó que el mismo capitán era el hombre más experto de la comarca. Ante la coactiva situación laceriosa optó por darle acceso. Más aún, le pidió asesoramiento.

Durante el peliagudo tornaviaje el susodicho capitán y Rodrigo se habían entretenido proyectando, ideando, la posibilidad de echar la zarpa sobre Tayro, valiéndose del conocimiento que Rodrigo tenía del castro. Una manera de ocultar el fracaso. Un sueño. Y he aquí que ahora el sueño parece realizable. Como el doctorcillo no llegó solo, como su escolta pasaba de los doscientos, a Rodríguez se le ocurrió que con esta cuota unida a los suyos…

El avance se hizo de noche. Con artificio de taparrabos, guiados por Rodrigo, se colaron los veteranos a la sorda en el casco de Pocigueyca y en un santiamén privaron a la plaza de su monumental falo áurico. ¡Cataplum! ¡Guasábara!

El grueso del ejército entró disparando sus arcabuces. Los indios cargaron con pujanza. Campo de Agramante. Los cacos lograron huir. Rodrigo tropezó con Marainchi. Se fajaron. El viejo era buen luchador, pero Rodrigo, desesperado, le cascó tieso y lo desmadejó. Lo aupó en el acto y echándolo a sus costillas tomó soleta y se unió a poco con los que cargaban el bálano.

A la legua se empantanaron para esperar al capitán que arrimó una hora después con el rebujal. En el repliegue se descuajaringaron más de veinte. Despernados se metieron otro par de leguas hasta cuando Rodríguez, corriendo el riesgo de perder el pene, permitió sosegar. Examinaron el botín: la órdiga. Por lo menos tres quintales. En Santa Marta lo fundirán y lo repartirán como pan bendito.

Al pie de un verdiseco árbol se sentaron el capitán, Rodrigo y el prisionero Marainchi. Rodrigo había informado al capitán quién era el cautivo. El capitán, por intermedio de Rodrigo, le dirigió la palabra: ¿Así que preguntabas por qué murió Nuestro Señor Jesucristo? -El viejo no respondió-. Pues entérate: murió por ti. Para salvarte. ¿De vuestras garras, capitán? ¡Ah, incapaz de sacramentos! Yo… Yo…

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One Response to “Perú, ríos y Tayro”

  1. jhon dice:

    muy bien !!!!!andrea

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