Ficción. Conquista española siglo XVI. Iluso intento de llegar al Perú remontando el río Magdalena de Colombia. Imaginaria pecorea del oro americano que hinchó a España.
Jamás habían visto aquellos avecindados en Santa Marta tan raros animales, tan peregrinas cosas, como las que les llevó un barco que venía, ¿quién creyera?, del mismísimo nuevo continente. Según su satisfecho y rico capitán, que antes del desembarco boleó algunos trocitos de oro al mar para divertirse con las ansiosas zambulliduras, venía de la más lauta región del mundo, descubierta, entre otros antruejos, por él: La costa del Levante en Las Indias.
Ex profeso se organizó un besamanos y esa noche el pueblo entero se alzó la bata en honor del próspero Pizarro, que así se apellidaba el recién llegado y presto ido pues en la alborada se guilló. Pero algo dejó don Francisco. Narró su odisea y se hizo lenguas del prodigioso reino hasta el punto que obcecó a sus anfitriones. Los puso a pensar en Birú, nombre del empíreo. Al preguntarle por la vía más adecuada para ir allá, contó que había atravesado un continente, pues por mar no se podía desde Santa Marta. Birú sito estaba frente al nuevo mar que él, Pizarro, también descubriera. Contó que de regreso todo su bagaje tuvo que transportarse en hombros de indios desde Panamá, en orillas del nuevo mar, hasta la de este, en Nombre de Dios, donde compró el bajel.
Qué perentorio metimiento el de tal cronicón en el pesquis de los escuchadores. Por consiguiente, una especie de insurgencia: todos querían ahuecar para el Birú o Perú, que dicen otros. El gobernador se vio trincado. Estaban a punto de apercollarlo, pero excogitó su escapatoria recordando el designio de Rodríguez. Incontinenti apeló al capitán, quien le sugirió hacer una propuesta.
Amigos -arengó el gobernador-, conforme al testimonio de Pizarro no se topa el Perú yendo desde aquí por el mar. Voy a comunicaros una buena nueva: supe de buena fuente que coronando el río Grande se da con el tal Perú. ¿Arremeteríais esta hazaña? ¿Quién dijo miedo? Se determinó la incursión al mando de tres oficiales y, desde luego, uno sería el capitán Rodríguez.
muy bien !!!!!andrea