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Nada más recuerda que estamos solas 1

Engaño y maldad. Un hombre es culpado de la muerte de su esposa e hija. A pesar de no ser el asesino físico, él es el culpable de que estén muertas.

Aún retumban en mi mente estas palabras como advertencia, recordatorio o designio: Nada más recuerda que estamos solas…

Era año electoral y el trabajo en campaña era estresante estábamos preparándonos en el partido para comenzar la campaña de nuestro candidato el Licenciado Héctor  Farías Martínez.

Y mi esposa como siempre me llamaba para preguntar ¿a que hora vas a llegar?, como los últimas 2 veces que me llamo me moleste, se limito en esta ocasión a solo mandarme un mensaje para preguntármelo, yo le contesté voy a Torreón por una propaganda para iniciar mañana la campaña, llegó tarde besos, adiós.

Mi esposa Esperanza me respondió nada más recuerda que estamos solas… no te demores.

Ella sabía que yo constantemente mentía decía llegar a una hora y no llegaba hasta el amanecer, sabía que mi excusa   preferida era estoy trabajando, tu sabes que la política exige alguien comprometido con su partido. La verdad era que la mayoría de las veces me desocupaba temprano, pero me iba con mis compañeros de partido a tomar unas copas, a divertirme, a platicar, etc.

Esa noche no era la excepción, era una de esas noches lluviosas, donde la lluvia caía a cantaros y los relámpagos y truenos caían uno tras otro.

Que iba a imaginar que mi hija Ester y mi esposa Esperanza estaban en peligro, la verdad yo siempre fui un hombre infiel, machista y egoísta. Mi esposa hacía grandes esfuerzos por tolerarme, pero a mi no me gustaba dar explicaciones a nadie y ella me las pedía, después de mis noches de parranda, entonces la golpeaba sin piedad hasta cansarme, en una ocasión cegado por la ira la saque a empujones con mi hija en brazos para que según yo aprendiera la lección y no volviera a levantarme la voz.

Hoy me arrepiento de todo aquello, sin embargo ya es tarde. Si no me hubiera demorado tanto, si no hubiera engañado a mi esposa de mil maneras, talvez ella y mi hijita de tres años, estarían con vida.

Pero preferí malgastar mi vida con perversiones, bajas pasiones y embrutecerme en el alcohol, que cuidarlas y amarlas.

Cuando llegue ya era demasiado tarde, ni siquiera me daba cuenta de lo que estaba pasando de lo borracho que estaba, la puerta estaba abierta, Esperanza tirada en el piso abrazando a mi hijita, junto a la puerta como tratando de salir para pedir ayuda. Era tarde ya Esperanza tenía un balazo en la frente y Ester mi bebe uno en el pecho.

Trate de llamar a la ambulancia, para que me dije si sus cuerpos ya ni siquiera tienen calor, estaban ahí bañadas en sangre, me incline en el piso y desaferré de los brazos de mi esposa a mi hijita y la abrace fuertemente, la cubrí de besos que en vida nunca le di.

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3 Responses to “Nada más recuerda que estamos solas 1”

  1. Excellente, mi amigo. Gracious.

  2. LORENA S dice:

    Muy fuerte este relato, amiga, Es triste, doloroso y deja revuelto el estómago. La verdad es que algunos hombres no merecen llamarse así. No respetan a sus mujeres ni a sus propios hijos, son crueles, parecen no tener sentimientos. Las mujeres deben ser fuertes, tener más confianza en si mismas, y sino es por ellas, al menos por los hijos y al menor indicio de que no se las respeta, adiós muy buenas. Saludos!

  3. Ghato25 dice:

    Paso de dejarte comentarios, porque pienso que siempre diré lo mismo, MAGNÍFICO, nada que riplicar ni nada que mejorar. Solo aplausos.

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