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Las aventuras de Bruno

Los hijos del fuego 6. La vida de Bruno en Egipto. Su expedición al Sur. Es hecho prisionero y vendido como esclavo sexual.

Los bandoleros que lo habían capturado eran asaltantes de caravanas. Fue inútil la resistencia de los hombres contratados para la expedición. Los bandidos eran expertos en el manejo de las armas y pronto acabaron matándolos a todos. Se apoderaron de sus caballos y de todo lo que poseían 

Tal vez su vestimenta distinta a la de sus hombres o sus  rasgos europeos hicieron que los beduinos vieran la posibilidad de obtener una mejor ganancia dejándolo con vida.

Herido, lo ataron sobre un caballo y cuatro hombres se apartaron del grupo comandados por uno de ellos, llevando al mercader e internándose en el desierto. El prisionero trataba de pensar rápidamente buscando referencias para planear la huída, pero las grandes olas de ese mar amarillo no le ofrecían ninguna. Se dispuso a morir disecado por el sol abrasador y el calor que subía de la fina arena con distintas formas de vapores fantasmagóricos.

Renació su esperanza al notar que no montaban camellos. Seguramente conocerían algún lugar no muy distante donde abrevar los caballos y descansar a la sombra, pero sólo ellos sabrían donde estaba porque nada semejante a un árbol se veía, ni aún a la distancia. Solamente un promontorio de rocas aparecía delante de ellos, donde la arena hacía límite con el cielo azul, límpido de nubes.

Al llegar al promontorio, el conductor detuvo la marcha y se dirigió a las piedras gritando palabras misteriosas. Un peñasco se movió y luego otro y otro más, dando lugar a un desfiladero por el que se internó el grupo. Avanzaron entre rocas amenazantes que formaban una pared de la cual se desprendía alguna piedra cayendo con estrépito sobre el paso que terminó desembocando en el espléndido oasis donde había sido vendido.

Bruno creía haber llegado al paraíso. Su mente se abría a una nueva dimensión donde no eran necesarias las palabras para comunicarse. La sensación de bienestar era total. Su cuerpo no sentía dolor ni cansancio alguno aún después de haber estado trabajando en la recolección de las frutas durante horas, siguiendo las indicaciones que recibía su mente. Se sentía feliz de su nuevo estado de esclavo, asumido y despreocupado.

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