Anteriormente: Las marionetas del asesino aparecieron en el teatro y la identidad del criminal se dio a conocer.
— ¿Pero qué demonios? — expresó Jessica — ¿Por qué está haciendo esto?
— Últimamente el trabajo se ponía aburrido señorita Vermon — respondía despreocupadamente el agente Javier — además, descubrí que mi currículo ya no era muy bien visto, y mucho menos valorado en nuestro grupo, por lo que me iban echar. Así que, antes de que me dieran las gracias por haber colaborado con esos imbéciles, pensé en probarlos y saber de que estaban hechos, pero parece que ninguno estuvo a la altura de mi espectáculo.
— ¿Espectáculo? ¿Usted cree que esto es arte, a caso? — espetó la joven.
— Eso se lo dejo a ustedes, los que saben de la materia, ¿Es arte, señorita Vermon? Dígame —dijo el asesino en tono retador.
De pronto, tomando una bocanada de aire que le supo a valor, Jessica se levantó y se acercó a las marionetas que le rodeaban. Empezó a examinarlas una por una. Mientras tanto, de tener el telón en la espalda, se desplazó hasta conseguir verlo de frente. Era el homicida, ahora, quien tenía las faldas del lienzo rojo tras él. Mientras inspeccionaba las muñecas, la joven bailarina pudo ver de dónde colgaba una de ellas. Se aproximó y sin pensarlo dos veces se trepó sobre el cadáver, lo jaló una y otra vez, hasta tirarlo. El agente Javier, que no lo mencionó, pero si consideraba su malévolo actuar como un arte, corrió rápidamente a recoger su marioneta. En ese mismo instante, Jessica se apresuró hacia la salida por el corredor en el que había entrado el criminal. Éste, al ver que la joven escapaba, dejo el cuerpo tirado y la siguió. Entre la obscuridad se alcanzó a ver que tenía ya un puñal en la mano, se detuvo cuando creyó tener una distancia aceptable para lanzarlo a la señorita Vermon y cuando lo iba a hacer, un disparo se escuchó en la sala.