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Cómo matar a su esposa 4

No es tan fácil el trabajo de un inspector de policía.

“Mientras él hacía su actuación, usted se dedicaba a concretar su asesinato.

“Su propio hermano nos confesó que abandonó el club a las once de la noche y en la mañana siguiente tomó el avión de regreso. Usted aguardó a que se hicieran las once y treinta y luego llamó a la ambulancia, lo demás ya lo sabe mejor que yo.

Oscar Fuentes se veía ahora cabizbajo y contrariado al escuchar las palabras de Gallardo, quién continuó:

-Dada la evidencia de los registros de la aerolínea, sumado a la promesa de reducir su condena si confesaba haber sido cómplice suyo en el homicidio de su esposa, Ramón Galván, tal el nombre de su hermano en la actualidad, no dudó en aceptar y declarar todo lo que realmente habían pactado.

-De acuerdo inspector, usted gana,- se resignó Fuentes pasando una mano por su cabeza. – ¿Que fue lo que hizo que sospechara de mi?

-Hubo dos cosas señor, en primer lugar, la noche del incidente, cuando estuve hablando con usted, noté que a pesar de que su traje se hallaba mojado, el pañuelo con el que enjugaba sus lágrimas y que sin dudas eran fingidas, se encontraba seco.

“Usted no podía haber entrado a la piscina sin que el pañuelo se mojara, además, había un sendero de agua que se dirigía a la casa, lo que significaba que después de mojar sus ropas, recién ahí fue usted por la prenda. Y una persona acongojada por la muerte de alguien a quien se supone que ama, jamás hubiese pensado en ir por un pañuelo.

“En segundo lugar, unas marcas de color rosado en los tobillos de la víctima, alentaron mi imaginación y me llevaron a pensar que usted había tomado a su esposa por las piernas, justamente a la altura en que se hallaban esos leves moretones, para hacerle perder el equilibrio y que golpeara su cabeza en el filo de la piscina.

-Dígame algo inspector,- el hombre tenía el rostro totalmente desencajado. –¿Qué vio usted ese día para que pudiera estar tan seguro de que había sido homicidio?

-Fue obra de la casualidad, sucedió esa mañana, como pudo no haber ocurrido nunca, me dirigía a la estación de policía, cuando avanzando por la acera en dirección contraria, venía una joven mujer con dos niños tomados de las manos, el parecido de las criaturas era increíble, lo que me forzó a decir en voz alta: ”quizás sean mellizos”, eso fue todo señor.

-Debo reconocer que es usted todo un perro de presa inspector.

-En realidad no sé si tomarlo como un halago o un insulto, pero como estoy de buen humor, optaré por lo primero.- Dirigió su mirada hacia el sargento.

-Puedes colocarle las esposas Luciano, cuando esté tras las rejas, éste señor va a tener bastante tiempo para pensar en la estupidez que ha cometido.

Tanto los nombres de los personajes y entidades, como los sucesos narrados en ésta historia, son ficticios. Cualquier semejanza con la realidad, es puramente circunstancial.

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One Response to “Cómo matar a su esposa 4”

  1. Hijodelfuego dice:

    Muy bueno, como siempre. Excelente intriga manejada con suspenso. Estoy encontrando coincidencias en tus cualidades literarias con las de Cervantes y Borges: a ninguno de los tres les van a otorgar el Nobel

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