Si piensa cometer un homicidio, planifíquelo a la perfección para no dejar cabos sueltos.
No tenía la menor duda de que cuando la policía encontrara el cadáver de su esposa, le endilgaría la culpa a un posible violador.
En la mañana siguiente, siendo aproximadamente las cinco y treinta, ya se hallaba tomando una ducha. Su próximo paso era concurrir nuevamente a la estación de policía para reiterar la denuncia por la ausencia de su mujer.
Terminó de beber una taza de café y cuando se disponía a salir de la casa, alguien llamó su atención.
-Buenos días señor Carrasco, -saludó el ama de llaves, una mujer no muy agraciada por la naturaleza. De unos cuarenta años, cuerpo rollizo y rostro redondo, con tonos rosados en sus pómulos y cabello pajizo.
-Buenos días Julia,- Contestó con marcada sorpresa. –Ha llegado temprano hoy.
-Bueno, en realidad no es así, ayer no salí de la casa en ningún momento, como no tenía nada planeado, decidí quedarme en mi habitación y dedicar mi tiempo libre al descanso.
-¿Usted estuvo en la casa todo el día y recién abandona su cuarto?- preguntó con un claro asomo de preocupación.
-Así es y cuando anoche usted volcó el florero que se hallaba sobre la mesa, me levanté intrigada y pude ver lo que hacía.
-¿Qué fue lo que vio?- Indagó endureciendo el rostro.
-Lo suficiente como para darme cuenta de lo que se traía entre manos, entonces regresé a mi habitación y escribí una carta donde explico todo y esa misma noche la puse en el buzón de correos dirigida a una persona de mi total confianza, aclarando en el sobre que únicamente podía ser leída en caso de que algo me sucediera.
-En pocas palabras,- dijo denotando cierta perturbación. –Su intención es chantajearme, de lo contrario ya hubiese concurrido a la policía.
-Chantaje es una palabra fea señor Carrasco, convengamos que voy a pedir algo a cambio de mi silencio.
-Entiendo, usted quiere lo que ahora va a pasar a ser mi fortuna.
-Se equivoca, no soy tan pretenciosa, digamos que a partir de éste momento, debe usted “cuidarme” mucho porque yo voy a pasar a ser la “señora de la casa”.
El hombre sintió un leve mareo, se tambaleó y tuvo que tomarse de una de las sillas para no caer al piso desvanecido.
Tanto los nombres de los personajes, como la historia aquí narrada, son totalmente ficticios. Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.
Muy bueno! Ya van tres esposas muertas; pero como ves las brujas no se extinguen.
ATENCION:
Recuerdo un cuento donde la mente le juega una mala pasada al escritor que termina por en convertirse en el asesino.
…no sea cosa que de tanto pensarlo…