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Avance hacia la utopía

Remonte del río Grande de la Magdalena por entre la selva tropical. Nuevo capítulo de una novela de aventureros españoles que conquistaron en el siglo XVI el territorio que hoy ocopa la República de Colombia.

La razón por la cual el sabio Rafael se metió hasta los codos allí fue la insólita ordenación política, sobre la cual medité de buena gana porque me engolosinó su sistema de bienes. Inclusive llegué a excogitar que en el mañana todos los países pretenderían adoptar tal régimen, pues no cabe duda que Moro lo concibió con presciencia. En una palabra: todo pertenecía a todos. No existía la propiedad privada. ¡Ha de España! Explicaos, por favor.

Veréis. Los moradores de Utopía, como habréis supuesto: nombre de la isla, eran diestros en labranzas y cultivaban la tierra por turnos, remudándose cada dos años. El oro lo usaban para fabricar utensilios insignificantes y no daba fruto ni poder. Además de la agricultura, cada lugareño ejercitaba su aptitud y, de hecho, no había torrezneros.

Tras una pausa continuó la conversa don Gonzalo: En Utopía no estaban entre la harina más de 6 horas diarias; el resto del tiempo lo consagraban a las artes, a las letras y al andarse a la flor del berro. Esa cultura se encauzaba de suyo a la utilidad común. Por eso cada autóctono subordinaba cualquier ventaja personal. Reputaban unánimes que la finalidad icástica del hombre era el gozo. Cada uno colaboraba con el otro y evitaba ocasionarle tristeza.

Con efecto -interpuso Rodrigo-, esa parece ser la categoría de los indios. Por filo -prosiguió el general-, en Utopía creían que un bien para los otros era un bien para sí mismos. Vivían la palabra de Jesús: Todo lo que quisierais de los demás, hacedlo con ellos.

Sois un fénix, general. Tate, muchacho. Ya que de Dios hablamos, lo de Él en Utopía era admirable. Cada quien allá podía profesar la religión que se le antojara y ninguno lo censuraba. En puridad se fiaban en un Dios creador del universo, bien que lo concebían de modo personal.

¿Pero dónde se ubicaba esa ínsula mágica? Os dije que cerca de La Española. Sin embargo, mis cuentas galanas me sueltan que pronto echaremos la vista encima de nueva Utopía. El Dios de los utópicos os escuche.

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