El exilio. Un lobezno y una camada de lobos sedientos de venganza.

-¡Vuelve inmediatamente! ¡No te saldrás con la tuya! ¡Te perseguiremos lo que sea necesario, pero te juro que de esta no sales vivo!-
Y de esa multitud enfurecida de lobos escapa un joven lobezno, con una grave rajada en el ojo derecho, lejos de ese gélido prado, donde solo se podía apreciar la blancura de la nieve y las nubes de esa mañana.
Para suerte del joven, su pelaje blanco le permitió huir de ese jaleo sin dificultad.
¿Qué provocaba a éste abandonar la camada de ese modo? ¿Por qué están tan enfurecidos con él?
Tras varias horas de carrera y miedo, el pequeño se detiene a descansar bajo el tronco de un árbol caído, en ese frío bosque en el cual terminó por ocultarse precipitadamente de los otros lobos.
Cayó en un profundo sueño…
(Se ve un grupo de lobos… murmurando sonidos que solo la naturaleza podría comprender…)
- Iremos de cacería, no quiero que ninguno de ustedes titubee. Cuando de la orden, atacamos todo ser viviente. No dejen ninguno con vida.-
- ¡Sí! – respondió la manada.
Una enorme jauría de lobos se desplazaba por entre los densos bosques de pinos nevados. Se detuvieron al tomar posiciones alrededor de un camino en medio del bosque, estaban listos para atacar.
- Padre, sigo sin comprender. ¿Por qué matar a todos esos humanos? ¿Por qué no solo tomar las provisiones e irnos? -
- Ya te he dicho que no me llames padre cuando estamos de cacería -
- Si señor, pero no ha respondido mi pregun… -
- ¡Una palabra más o te juro que te exilio de nuestras tierras! ¡¿Ves estas malditas cicatrices?! ¿Crees que otro simple lobo pudo haberme hecho esto? ¡No! Los humanos son la escoria de nuestro territorio, no merecen más que lo que nos han hecho, a mí y a mi camada -
- Aún así me rehúso a matarles, tú sabes que ellos nos temen y por eso se comportan agresivos ante nuestra presencia -
- ¡Patrañas! Si no te veo saboreando su sangre, te cumplo lo del exilio.
- … (sin más que decir)-
A lo lejos del camino se acercaba un carruaje impulsado por cuatro caballos y al parecer repleta de cargamento y quizás tripulantes. El cochero tenía una escopeta preparada, al parecer esperando algún intento de asalto.
Un aullido penetrante y breve se escuchó, el chofer se alarma y toma su escopeta lo más rápido posible, sin embargo, un instante después tenía una quijada cerrándose sobre su cuello, cayó del carruaje inmediatamente, degollado por esas agresivas fauces.
-¡Vamos! ¡Ataquen ahora! -
Y alrededor de veinte lobos salieron de sus escondites y rodearon la carreta para atacar.
Los caballos completamente asustados, con un pánico tremendo en sus ojos, comenzaron a relinchar con fuerza y a patalear para ahuyentar a sus agresores.
- ¡Padre!… es decir, ¡Señor! -
- ¡¿Qué?! -
- Ya acabamos con el conductor, tomemos las provisiones y… -
- No hasta que acabemos con los tripulantes, además, ya te dije que quiero verte matar a uno, Roolf -
Y del carruaje no salía nadie.
En eso uno de los lobos, muy audaz, comenzó a correr contra la puerta del carruaje. La fuerza del impacto fue suficiente como para lograr entrar a la carreta…
Los lobos, expectantes se reunieron alrededor del vehículo, esperando a que salga su camarada…
Repentinamente un quejido de lobo se escucha, un estruendo se escucha y el lobo sale disparado de la carroza, empujado por la fuerza de varias escopetas. El animal murió inmediatamente.
- ¡Malditos humanos! ¡Acaben con ellos ahora! Han dado muerte a uno de los nuestros.
- Señor, te dije que los dejáramos en paz -
- Calla y degollad a esos humanos -
De la carroza salieron tres hombres armados, como carnada, para permitir el escape de un matrimonio y su niña.
Los lobos se lanzaron contra los que cargaban esos mortales fusiles, comenzando a forcejear con ellos, mutilados por muchas quijadas…
Era lógico que habiendo tantas posibilidades de morir en el intento, el matrimonio y su hija huyeron hacia los bosques mientras los otros tres daban sus vidas para permitir este escape.
- ¡Roolf! ¡Ven conmigo! ¡Fang! ¡Toot! ¡Y ustedes cuatro también!, ¡vengan! El resto tome las provisiones, nosotros daremos cacería a los que lograron escapar. –
- Yo no quie… –
- Tienes que venir porque es una maldita orden -
Y ese grupo de lobos se escabulló entre los bosques para iniciar la persecución
Unas horas después les vieron, en los campos, aunque eran tan solo dos personas (la mujer y la niña) que corrían con dificultad a causa de la densa nieve.
- ¡Ahí están! ¡A por ellos! –
- No padre, son inocentes, dejadlos en paz -
- Es la última vez que permito esa actitud tuya, Roolf -
Y el lobezno blanco se adelantó y se detiene frente al grupo de persecución, viéndose todos los lobos forzados a frenar.
El lobo con las cicatrices, cansado de la actitud de su hijo, se acerca a el y le ataca, causándole una gran herida en el ojo derecho.
Un estruendo más se escucha causando la muerte de uno de los lobos del grupo. Un hombre con un fusil se encontraba sobre una loma y estaba respirando muy apresuradamente.
Era el esposo de esa mujer y su niña, quienes ya se encontraban extremadamente lejos, casi imposible continuar su persecución.
El hombre cargaba el fusil nuevamente.
- ¡Roolf! ¡Esto es tú culpa! Tu insensatez causó que los humanos escaparan y además provocó la muerte de uno de tus camaradas. Eres un idiota, esto no te lo perdonaré.
Los lobos de ese grupo comenzaron a dispersarse y otro de ellos cae ante el escopetazo del hombre. Esto les provocó una cólera tremenda.
Y en ese instante un lobito blanco logra escapar de esa jauría de lobos enfurecidos por sus acciones, estaban siendo asediados por un simple humano.
-¡Vuelve inmediatamente! ¡No te saldrás con la tuya! ¡Te perseguiremos lo que sea necesario, pero te juro que de esta no sales vivo!-
Gruñía el lobo de las cicatrices, con furia, perdía de vista en los campos de nieve a su hijo.
- ¡¡¿?!! -
- ¡Arre! –
- ¿Dónde estoy? -
Una carreta conducida por un hombre extraño y dos caballos, llevaban una jaula con un pequeño lobo blanco, magullado y cansado, que acababa de despertar de un profundo sueño. Solo le quedaba aullar de tristeza, sin saber lo que le esperaba…