Falsos mitos, curiosidades y leyendas urbanas que solemos dar por válidas cuando realmente no lo son. Esta vez, el mito de que las zanahorias son buenas para la vista.
–Pedrito, cómete las zanahorias, que son muy buenas para la vista.
–Jo, mamá, es que no me apetecen.
–Tú cómetelas, que verás como así nunca tendrás que ponerte gafas.
–Pero es que no me gustan.
–Que te las comas de una vez.
Y Pedrito se las comerá, todos lo sabemos; si no es en el almuerzo, será en la merienda y, si no, en la cena. No hay gusto, llanto o fuerza de la naturaleza capaz de evitar que una madre obligue a su hijo a hacer lo que ella cree que es mejor para él. Pero lo curioso, gracioso o irónico (según se mire) de la historia vendrá cuando ni cien camiones de zanahorias consigan que Pedrito vea mejor.
Y es que la zanahoria sí puede ayudar en ciertos casos y en cierta medida a mejorar la vista, pero no nos convierte, en ninguna circunstancia, en superhombres con vista de águila ni mejora la visión de una persona sana.

Imagen vía blogdecocina.com
La zanahoria contiene beta-caroteno, que el organismo transforma en vitamina A. La excesiva carencia de esta vitamina puede provocar ceguera. Por lo tanto, comer zanahorias es bueno si andamos faltos de vitamina A, pero no nos hará ver mejor si nuestro cuerpo ya tiene la suficiente (que es lo normal porque se necesita muy poca cantidad). Lo siento, Pedrito, te las has comido para nada.
Y como ocurre con todo en esta vida, el exceso tampoco es bueno, así que un consumo elevado de beta-caroteno puede ser perjudicial para nuestro organismo y provocar, entre otras cosas, que la piel se nos vuelva de un tono anaranjado o amarillento (igual alguien debería avisar a los informativos de Antena 3 de que sus presentadores le dan demasiado a la zanahoria…).
Pero entonces, ¿por qué siempre se ha dicho que la zanahoria mejora la visión? Pues esta historia se la debemos a las Fuerzas Aéreas Reales (RAF) británicas durante la Segunda Guerra Mundial.
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Resulta que habían desarrollado en secreto un novedoso radar aéreo con el que conseguían interceptar de noche los bombarderos alemanes. Como es lógico, no querían dar a conocer al enemigo su instrumento, por lo que cuando los alemanes intentaban averiguar cómo se las apañaban para derribar sus bombarderos, los británicos –muy graciosos ellos– hicieron público que se debía a que sus pilotos consumían muchísimas zanahorias, que les daban una visión sobrenatural.
Seguro que fue graciosísimo ver a un montón de pilotos alemanes comer zanahorias a tutiplén para igualar en agudeza visual a los británicos. Pero a los que hoy en día no nos gustan las zanahorias cocidas de los guisos, nos haría mucha más gracia darle una buena collejilla a cada uno de aquellos simpáticos británicos.