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Leyendas urbanas, un reflejo de la tradición en nuestro tiempo

Son como las viejas historias de fantasmas. Recorren los misterios.

Son como las viejas historias de fantasmas.

Recorren los misterios , y los senderos de nuestra imaginación con furtiva necesidad como si reflejaran en su misma esencia, la mente colectiva de un pueblo.

En algunos casos, como en Chetumal, circula la historia, siniestra y llena de matices, del hombre que, tras venir de su trabajo como empleado del rastro y estar cubierto de sangre de los animales que sacrificaba, se le ocurrió alimentar a sus Rotwailler mientras la noche se había engullido el día a dantescas mordidas, y al no haberse bañado, los perros lo dejaron hechos guiñapos mientras lo devoraban con celeridad. Es similar la idea macabra a lo que se dice sucedió cerca del Castillo que domina una de las laderas cercanas a San Cristóbal de las Casas, donde una noche de Halloween, un trío de jóvenes mozuelos dirigían sus pasos a una celebración de disfraces, y en el camino, se encontraron con un anciano envuelto en una negra capa y que parecía hacer las veces de Drácula para un espectáculo en esa singular velada.

Les preguntó a los muchachos si se dirigían a alguna parte, y uno de ellos, acertó a decir, que iban rumbo a una fiesta alusiva a ese día. El hombre les acompañó un tramo y antes de entrar a la casa, se despidió de ellos sin mediar más un convencional saludo. En la fiesta comentaron el incidente y describieron prólijamente al personaje en cuestión. La madre de uno de ellos, sorprendida, trajo un álbum de fotos y les señaló a una persona destacada allí. Le dijeron que si era la persona. La señora les refirió que tal persona había fallecido, y que se decía que el señor Z era un vampiro y su tumba estaba al final de cementerio con gárgolas en lugar de ángeles, y se decía que ocupaba el sitio de la tumba de un suicida, por eso podía permitirse estar en lugar santo.

Bueno, eso son las leyendas urbanas cobrando vida entre los adolescentes y aún en las personas mayores que las encuentran fascinantes. Son, en sí mismas, un reflejo de la tradición en nuestro tiempo, pobladas de simbolismos, como parte de una memoria cargada con los temores propios de cada comunidad que parece reflejarse en estas historias con visos sobrenaturales, como los miedos de un niño que cree ver a las sombras cobrar vida en la oscuridad, ante sus atemorizados ojos. Subyacen el la cultura de nuestro tiempo y permean la sensible capa de nuestra sociedad, dibujándoles un camino al mundo del misterio.

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