Esta leyenda es la explicación a las extrañas apariciones de una sombra que por las noches deambula en el interior de la Alhóndiga de Granaditas; apariciones denunciadas por varios reclusos cuando este inmueble se utilizara como carcel.
Algo irónico, resulta que un enorme almacén para grano, obra del intendente Juan Antonio Riaño y Barcena, insigne benefactor Guanajuatense, y que se inaugurará en 1809; terminara convirtiéndose en el lugar, donde su alma quedara presa para toda la eternidad.
El inminente fracaso de la cancelación de la multa impuesta, a los habitantes de la ciudad, quienes se habían inconformado por la injusta expulsión de los padres Jesuitas, axial como tras la misiva enviada por el cura hidalgo, y la negativa de rendición del intendente Riaño, este concentro, en el interior de este inmueble todas las tropas, incluyendo la de la ciudad; pensando que en su interior estaría a salvo, de aquel pueblo que se levantaba, en armas contra el yugo español.
Se cuenta, que el intendente llevo además consigo como 3 millones en barra en plata y moneda acuñada; junto con otros tantos objetos de valor y joyas, que se dice que en muy alto porcentaje pertenecían a la gente acaudalada y criollos, que siguieron a Riaño a este inmueble.
La batalla comenzó y la muerte poso inefable su sombra sobre el inmueble, el estrés de la batalla, hizo mella en el intendente, quien veía, como a pesar de todas las bajas que sufría el ejercito insurgente, estos redoblaban sus esfuerzos sin temor a la muerte, se rumora que hasta quienes eran mortalmente heridos, buscaban con su aliento, llegar hasta las grandes puertas, de la improvisada fortaleza realista. Ocasionando que el parque se agotara más rápidamente.
El intendente Riaño al comprender que su derrota era inminente, aumento su preocupación, por lo que ordeno a 3 hombres, de su entera confianza escondieran aquellas riquezas, en un rincón secreto de la Alhóndiga de Granaditas.
Momentos después, la alarma y el pánico corrió en el interior, un hombre se arrastraba, con una tea en la mano, hacia una de las puertas, era imposible herirlo, pues llevaba una pesada loza en la espalda que lo protegía de las mortales balas.
El intendente Riaño, sin medir las consecuencias, pidió a sus hombres abrieran la otra puerta de la Alhóndiga, para inspeccionar el campo y buscar una opción, sin embargo, sucedió lo que era de esperarse, al regresar al inmueble y estar casi a salvo, una bala perdida hizo blanco en la cabeza del intendente, hiriéndole de muerte. Poco pudieron hacer sus hombres para auxiliarlo, introduciéndolo al interior de la Alhóndiga, donde momentos después muriera.
Se dice que su preocupación, por resguardar el tesoro fue tanto, que su alma se quedo para siempre atrapada en el edificio, con la obsesión de cuidarlo.
Esta leyenda, surgió algunos años después, como explicación cuando este edificio, fue convertido en cárcel y donde algunos reclusos fueron testigos, de que por las noches, una sombra deambula por donde se dice, escondió aquel tesoro. Se dice que era tan vasto, que no pudo ser oculto en su totalidad y que el ejército insurgente, solo logro apoderarse de un parte, esto sin contar, que se cuenta, que algunos españoles y soldados, lanzaron algunas riquezas a la calle, buscando sembrar la avaricia de los insurgentes y poder salvar su vida
Sin embargo en aquella bestial batalla, no quedaron sobrevivientes para asegurarlo o para negarlo.