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La calle del truco

Se cuenta que en Guanajuato, una ciudad de leyenda, existió en la época colonial una casa de apuestas, donde el juego favorito era el llamado “truco”, bastante arriesgado, que ya había dejado a algunos cuantos en la completa ruina. Sin embargo, la historia de Martín Padilla fue la que ha logrado sobrevivir a los embates del tiempo.

Siendo las 3 de la madrugada los jugadores se retiraron  de la casa de juego, Herrera pidió a Nicolás el pago de la apuesta, por lo que este a su vez se dirigió con Martín, quien le pidió a Herrera lo acompañara, siguiendolo atravesaron la plaza grande, hoy plaza de la paz y enfilaron rumbo a la subida de los hospitales, llegando a una casa de buena apariencia, entrando a la morada, en eso sale Isabel vestida con una bata color de rosa, llevando en mano una lamparilla, preguntado a Martín si venia enfermo, pues este sudoroso y tembloroso, apenas podía respirar y permanecía cabizbajo.

Martín mirando fijamente a su esposa le dijo: disponte  a marchar con este caballero, porque desde este momento le perteneces a el, las deudas de juego, son deudas de honor; te he apostado y la suerte me dio la espalda. Palabras que cayeron como un balde de agua fría a doña Isabel, quien ante la inesperada sorpresa no pudo decir ni replicar nada, de pronto el llanto de un niño la hizo reaccionar, la madre corrió a ver a su hijo, momentos que Martín aprovecho para salir rápidamente de la casa, dejando en su interior a Herrera. Cuando doña Isabel regresara con su pequeño hijo en brazos, encontró solo a Herrera, quien no paraba de mirarla y el cual le recordaba que ya le pertenecía a el; Isabel no pudiendo soportar el dolor del acto ruin e infame de que había sido víctima por su propio esposo, cayo al suelo sin sentido; el niño al caer, se golpeo en la cabeza, muriendo casi instantáneamente; Herrera se apresuro a levantar a la joven, la cual muriera justo en esos momentos; entonces  el jugador salió presurosamente dejando en la casa abandonados los cadáveres de la joven y del niño.

Al día siguiente la noticia corrió como reguero de pólvora por toda la ciudad, y para evitar otros hechos lamentables como los ocurridos; la casa de los españoles fue clausurada, dejándolos apercibidos para que en lo sucesivo buscaran una manera más decorosa para pasar sus ratos de ocio. El alcalde Mayor mando encarcelar a Martín Padilla y a José Herrera, condenándolos a trabajos forzados en las minas; muriendo Martín al poco tiempo, de ahí que se dice, que cuenta la leyenda que por las noches se aparece una sombra y que vaga por la calle del truco y se detiene en el lugar que alguna vez estuvo esta casa de juego.

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