Esta es la leyenda de un famoso bandido que era el terror del Estado de Jalisco, y que en cierta ocasión se enterase de que en Guanajuato saldría una diligencia repleta de oro y joyas. Sin embargo, no contaba con que su acto ruin y sacrílego sería su perdición.
En aquel instante, el misterioso hombre pidió al campesino atarse a un extremo de la soga, al mismo tiempo que él ataba la otra punta, a un árbol cercano, el terror y miedo invadió al humilde campesino, mas la sola idea de ganar algunos centavos, le dio valor, siendo así que recibió las ultimas instrucciones del aquel hombre: allá abajo encontraras un cadáver que deberá ser ya un esqueleto, por ahí mismo habrá varios fajos de dinero, los cuales puedes tomar, todo lo que te quepa en tus bolsas, eso tómalo como justo pago a tus servicios; a mí me interesa que me traigas un cofre de madera que ahí mismo se encuentra.
Armándose de valor, con las piernas temblorosas, se introdujo en el pozo hasta llegar al fondo; tal y como se lo había dicho aquel hombre momentos antes; entre las penumbras, encontró un esqueleto, entre unos pedazos de tela, ahí también estaba el dinero y el cofre.
Como pudo rápidamente lleno sus bolsillos, tomo el cofre y con un gran esfuerzo, llego de nuevo a la superficie; sin decir una sola palabra, ahí impaciente le aguardaba aquel extraño hombre, quien no solo desconcertó, sino que además atemorizo más al humilde campesino: por fin descansare en paz, dijo y además le ordeno: lleva este cofre a la Basílica de Nuestra señora de Guanajuato y entrégaselo en propia mano, al sacerdote en turno; en ese mismo instante, como fulminado por un rayo, cayo al suelo lanzando un largo grito quedando finalmente sin vida, desapareciéndose en el acto.
Era el famoso y temerario bandido, que años atrás, con su gavilla de maleantes había asolado los alrededores, que había cometido el peor de los sacrilegios, y que al fin podía descansar en paz.