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El humor en serio y lo serio en el humor

Un prototipo de columna que nunca vio la luz pública, ya que algunos medios son intolerantes para quienes no les son serviles (en ambos bandos).

Nace una idea

Muchas veces al más feo, al más simpático, el dicharachero, le buscan para contar un chiste. Sólo se le utiliza para ello, sin saber ellos que el humor es cosa seria. Esta columna no pretende enseñar una forma de humor, pues sería casi tan absurdo como cobrar derechos de autor por un chiste que apenas contado, pasa a ser del dominio público, retroalimentándose y mejor utilizándose según la ocasión y la chispa de quien hace uso de él. Sólo queremos analizar la aplicación del humor para mejorarlo, que crezcamos juntos, que no se le juzgue por la forma, pero que se le corrija si es dañino como la mentira o una verdad dicha de manera malsana. No es una columna para chistear, es para pensar en el buen reír, así nos alejamos de la mofa soez y llegamos a caminar por la fina línea del absurdo y la gracia, sin temor a caernos o pisar de vez en cuando en cada lado.

El humor social, ¿existe?

Siempre el humor es visto para pasar un buen rato, como panacea de tantas desavenencias del mundo de ayer, de hoy y bueno… de mañana al paso que vamos. Bolívar usó el humor como forma de expresión en sus cartas más amistosas; Andrés Eloy mostró su cara crítica sólo ante el senado pero nunca en su prosa humorística. Ellos comprendían al humor como parte de la sociedad, sin que ello pudiese manipularse a una especie de “humor social” que se quiere imponer en los últimos tiempos, en los cuales para los pobres ahora el deber es reírse de los ricos para mostrarles que es su turno y están por encima de ellos, bajo la protección de papá gobierno, signo éste de que no están por encima de ellos en hidalguía al menos. Ejemplo de este pseudo humor es el tristemente célebre programa de Venezolana de Televisión “La Hojilla”, que podría ser la herramienta de catarsis de quienes creen en el sistema para educarlos y no darles continuismo burdo, más la misma se transforma en una cátedra de humillación al enemigo derrotado impulsando un humor que ni siquiera es negro, es marrón, como el barro o el bolo fecal.

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