Humor sano.
Una pareja de ancianitos llega a un restaurante. El viejecito llenaba a la ancianita de atenciones, y se dirigía a ella con palabras de inmenso cariño: “Ven, mi vida”, “siéntate, mi cielo”, “¿estás a gusto, reina?”, “¿qué quieres pedir, ángel?”.
El mesero observaba aquello y estaba impresionado. Poco después la viejecita se levantó de la mesa para ir al baño. El mesero, sin poderse contener, va con el ancianito y le pregunta:
“Perdone usted la indiscreción: ¿cuántos años tienen ustedes de casados?”.
Responde el viejecito: “Estamos celebrando 65 años de matrimonio”.
“¡Caramba, señor!”, interrumpe el mesero. “¡Estoy conmovido! Sesenta y cinco años de casados, ¡y cómo le habla usted a su viejita! ‘Mi vida’, ‘mi cielo’, ‘mi reina’, ‘mi ángel’.
Y responde con feble voz el viejecito: “Es que ya no me acuerdo cómo se llama”.