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Cartas a un mundo que tose – solidaridad

Hay noticias que no reciben tanta difusión: las buenas. Es tiempo de que algunos aprendamos a ser solidarios.

Estimada señora:

¿Me permite darle las gracias por transformarse en un ejemplo para mí?  Aunque estoy seguro de que hace algunos años, cuando empezó a servirle una taza de leche a aquellos seis hermanitos que se veían con hambre no se imaginaba lo que iba a pasar después, ¿no es así?

Imagino una sonrisa en su rostro al contemplar a los trescientos niños que ahora se reúnen no solamente para recibir una merienda sino para ser ayudados en sus tareas escolares, jugar juntos, aprender a hacer manualidades, operar una computadora o hablar en inglés.

No tengo palabras para expresarle lo agradecido que me siento por las personas como usted.  ¿Qué pasaría en el mundo si todos, o quizás la mayoría, o al menos la mitad de los que poblamos el planeta, actuáramos como usted?  ¡Todo sería tan diferente! Menos hambre en el mundo, más justicia social, una distribución más equilibrada de los recursos y las riquezas. ¿Ya le di las gracias?

Mire, señora, usted me ha hecho pensar.  Yo soy uno de esos a los que les resulta mucho más fácil quejarse por las cosas malas que pasan que hacer algo positivo por los demás. ¡Me avergüenzo frente a usted!  Sí, porque la mayoría de nosotros gastamos mucha energía en quejarnos y en acusar a los demás.

Nos parecemos a nuestro primer padre, Adán, que luego de su primer y trágico error le dijo a Dios que todo era por “la mujer que tú me diste”, implicando que tanto la mujer como Dios eran más responsables que él por las consecuencias de lo que pasaba o pasaría.

Seguimos en lo mismo.  La culpa la tiene el gobierno, los maestros, los empresarios, los trabajadores, los inventores, los países ricos, los ebrios, las prostitutas, los homosexuales, los estrictos, ¡y tantos otros! Pero yo no, por supuesto. Yo soy una buena persona. ¡Qué horrible lo que pasa! La violencia, la pobreza, la injusticia… Y entonces me vuelvo a sentar frente al televisor, y me dejo idiotizar hasta el olvido.

Pero gracias a Dios hay personas como usted.  Necesitamos seguir ese ejemplo de abandonar nuestra cómoda posición, abandonar el cargo de jueces y críticos que nadie nos concedió, para involucrarnos con los que necesitan algo que nosotros tenemos.

Claro, le aseguro que las noticias de lo que usted hace no van a tener mucha difusión.  Vende más la sangre, la violencia, la injusticia, el dolor.  Pero yo hoy quiero comprar su noticia, su ejemplo, y quiero aplaudir de pie su esfuerzo. 

¡Gracias!

Un ser humano

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