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Un poco de urbanidad, por favor

Las buenas maneras no nos cuestan nada y hacemos más agradable nuestra relación con los demás.

A quién no le gusta dar consejos, pero en más de alguna oportunidad nos tendremos que frenar para no comentarle a la otra persona cómo tienen que hacer sus cosas. Y ellos nos estimarán más si no se lo decimos. Es preciso alejarse de algunas de las tentaciones principales.

  • No dar consejos que no se piden, aunque este usted seguro de que, según su perspectiva, el saldrá ganando. Deje que a su gusto se de gusto.
  • No dar consejos en los problemas que no conocemos, aunque nos pidan nuestra participación. Puede que después del consejo la situación empeore, y no nos sentiríamos muy bien por ello.
  • No dar consejo en problemáticas sentimentales, aunque  sea una de las mayores tentaciones. Porque puede ser que los afectados se arrepientan después de haber seguido ese consejo.

Nunca nos transformemos en maestros de la lengua, ya que las buenas maneras nos impiden que hagamos notar las incorrecciones de los demás. Si alguno de nuestros interlocutores pronuncia o acentúa mal alguna palabra no seamos desdeñosos ni nos convirtamos en profesores de lenguaje, y cuando con esa persona conversemos no nos valgamos de la misma palabra que el dijo mal. No seamos pedantes ni mortifiquemos a los otros con nuestras censuras.

Seamos corteses al contestar el teléfono, piense que al otro lado de la línea su interlocutor se lo imagina a usted durante la conversación. Sea claro y module bien, sea agradable para quien lo escucha. No hable muy despacio ni tampoco grite, y nunca deje esperando a la persona a quien usted ha llamado, mas vale esperar a que estemos listos para hacer una llamada. Y nunca cortemos sin antes despedirnos.

Sepamos ganar y peder. Cuando uno gana no es bueno hablar de uno mismo, pensemos en el vencido y lo que significa para el una pequeña muestra de humildad de parte del ganador. Y  puede que ganemos todas las batallas que juguemos, pero nunca seremos campeones si no sabemos perder.

Si somos puntuales seremos corteses. No juzguemos de buena manera llegar después de la hora señalada ya que para quien espera, ese retraso se vuelve desconcertante. Hay quienes tienen por norma ser de los últimos en llegar, y algunos siquiatras dicen que tal comportamiento se funda en una tacita confesión de inferioridad social.

Luis XVIII de Francia dijo una vez que la puntualidad es la cortesía de los reyes y la obligación de toda persona bien educada, y aunque resulte algo pomposo es también una buena norma de conducta. Tratemos de adoptar esta cortesía para con los demás siendo puntuales cuando seamos invitados.

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One Response to “Un poco de urbanidad, por favor”

  1. Josedelcarmen dice:

    Es un articulo bien escrito, con un tema central desarrollado con propiedad y buen gusto. Felicitaciones. Continue con esa escritura.

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