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Saber escuchar es la clave

La persona que es buena escuchando no siempre está pendiente de lo que su interlocutor cree que dice, sino de lo que éste, sin darse cuenta, manifiesta o revela sobre sí mismo al dialogar.

Se ha dicho que dejar de escucharnos entre nosotros es tanto una causa como un síntoma de algunos de nuestros serios problemas personales. Muchas personas hablan sin hacerse escuchar, y generalmente la conversación no es más que un ejercicio de imitación, en la cual el primero que tome aire es el que pierde el turno de hablar.

Con esta actitud es demasiado lo que se pierde, ya que la verdadera conversación es una de las mas provechosas y agradables de las actividades intelectuales, al igual que el estudio es la fuente de información y la amistad que alimenta muestras sensaciones.

La conversación exige, eso si, que alternemos de buena gana los turnos y hablemos y oigamos cuando nos corresponda. Además, es preciso que de vez en cuando, los conversadores convengan en algunas pausas de digestión.

Pero en la conversación de hoy, parecida a un juego de ping-pong de palabras, no existen ni las pausas ni los intervalos entre la persona que finaliza de decir alguna cosa y el que esta al parecer escuchando, espera con impaciencia la oportunidad de intervenir con premura. Le damos muy poco tiempo a nuestro cerebro para el proceso fundamental de aprovechar lo que esta recibiendo y ordenar adecuadamente lo que tiene que contestar.

Todos los silencios, nos da la impresión, de ser embarazosos, y con ello tenemos la impresión de que es un peligroso indicativo de que nuestros interlocutores se aburren o que ya están agotados los temas de conversación, y es aquí donde muchos se apresuran a llenar este vacío comenzando una verdadera carrera para tomar la palabra.

Quien se de el trabajo de observar, en alguna reunión, a los que parecen escuchar, notara su gran impaciencia por retomar lo antes posible la palabra, y no es extraño que muchas conversaciones se pierdan, o salten de un tema a otro y retornen a ellas mismas, tan apresuradamente como si fuera un animalito corriendo por su vida. De esta forma, como ningún conversador pone atención al fondo del tema, esta acaba por perderse definitivamente.

Conviene proponerse a analizar las conversaciones y la forma que tienen de saltar de un tema a otro. Porque para que un dialogo tenga sentido, únicamente se necesita escuchar con atención. Y una persona atenta a la conversación no tiene que ser más inteligente que las otras, pero si entiende, que una real conversación entrega una oportunidad única de comprender algo de los unos con respecto de los otros. Con respecto a esto, tenemos unos principios que son básicos para el desarrollo de una buena conversación, que muchos de los buenos oyentes aplican conciente o inconcientemente.

Uno de estos principios dice que no existe dialogo inútil, si es que se sabe lo que se debe escuchar. La persona que es buena escuchando no siempre esta pendiente de lo que su interlocutor cree que dice, sino a lo que estos manifiestan o revelan sin darse cuenta sobre ellos mismos cuando dialogan. Y de esta manera se puede obtener provecho de una conversación aunque nuestro interlocutor solo este comentando tonterías.

Otro de estos principios dice que las preguntas son los más poderosos signos de admiración. El que es bueno escuchando no tiene temor de demostrarse como ignorante haciendo preguntas, ya que las preguntas son el corazón que mantiene viva a una conversación.

Una persona que sabe escuchar tiene por deber conducir la conversación, y esto es porque la mayoría de los dialogantes no piensa claramente mientras habla, y de no recibir ayuda, puede ocurrir la desgracia de que la conversación se enrede por las palabras que oportunamente no son dichas. Y es ahí donde una persona que sabe escuchar puede ayudar a salvar la situación.

Lo mejor del dialogo es que forma una sociedad y no una rivalidad. Ubiquemos a un hábil e informado conversador frente de una persona que no sabe escuchar, y será un rotundo fracaso. Pero si sometemos a un mal conversador al suave y motivante sondeo de uno que es bueno escuchando, es muy posible que el mal conversador revele tener verdades importantísimas de mucho interés e información que nadie se había tomado el trabajo de traer a flote.

Quien sabe escuchar, así como el que no considera la conversación como un ejercicio simple de imposición de ideas, aporta de manera generosa al arte de la buena conversación, y al gran placer de los que lo están escuchando en ese grato momento.

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One Response to “Saber escuchar es la clave”

  1. patricia lozano dice:

    Esta muy lindo el articulo sobre el saber escuchar ,me parece la mejor forma de entender al otro,y saber que es lo que quiere decir realmente ,captando mas alla de las palabras,a traves de su mirada,sus gestos ,el tono de su voz.Gracias por publicar cosas que parecen tan simples pero no lo son. PATRI

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