El tema de los robos de bolsos suele ir aparejado por cierta imprudencia o negligencia de los dueños de los mismos…
Basándome en mi experiencia dentro de la seguridad de los hipermercados españoles, me permito la licencia de dar una serie de consejos a la gente que frecuenta estos lugares de compra y esparcimiento para evitarles un disgusto que puede afectarles emocionalmente como es ser robado sin darse cuenta de ello.
Estadísticamente suele afectar al sector femenino por el manido acompañamiento del bolso.
En él se guarda de todo, ellas bien lo saben, y también la cartera.
Error número uno cuando una coge el carrito de la compra y entra al establecimiento: la colocación del bolso en el fondo del mismo o dejándolo colgado de la barra de empuje. Encima se tiene el hábito de dejar el carro solo cuando se avanza por el pasillo para recoger un artículo. Los amigos de lo ajeno están pendientes de esta situación, y en cuanto la dueña descuide aunque solo sea cinco segundos el carro, es el tiempo suficiente, no sólo para que le abren el bolso y rebusquen en su interior para birlarle la cartera, si no de llevárselo al completo. Luego ya se lo vaciarán en los baños o en el parking, y una vez obtenido lo que buscaban, o bien arrojarán el bolso a la basura o son incluso capaces de ocultarlo en otro establecimiento.
La solución a este robo es evitar desprenderse del bolso por comodidad en los centros comerciales.
Hay que portarlo siempre cruzado en bandolera y con la cremallera bien cerrada.
La segunda artimaña de los cacos es ir por parejas o tríos, siguiendo a la víctima elegida. Si usted observa la cercanía continua de alguna persona por las zonas donde está usted haciendo la compra, y ve que coincide con su presencia más de una vez, evidentemente le están siguiendo. No dude en aumentar el ritmo de sus pasos y si esto no los disuade, acuda directamente a la seguridad del centro.
Desconfíe totalmente si dos o tres personas se le acercan, o si le merodean y una de ellas le pregunta por cualquier cosa. Está intentando distraerle mientras su compinche le baja la cremallera del bolso y le sustrae la cartera, o si usted es un caballero, le introduce los dedos en el bolsillo con la agilidad necesaria de apropiarse de su billetera.
Recuerden, hoy en día por desgracia no se puede uno fiar de nadie.
Si estamos en un centro público, y tratan de entablar conversación con nosotros gente desconocida, podemos estar en la antesala de ser robados.
Por último, si acaso finalmente sucede lo inevitable, hay que llamar inmediatamente a los bancos para la anulación de todas las tarjetas de crédito incluidas en la cartera, así como presentar una denuncia ante la policía local.
La seguridad del centro donde haya sucedido el hecho puede intentar tranquilizarle y comentarle el procedimiento a seguir, pero no espere más milagros. La seguridad privada jamás podrá localizar al ladrón si no lo pilla in fraganti tanto por cámaras o en directo. Tienen que vigilar muchas cosas a la vez, y este tipo de delito es dificilísimo que pueda impedirse en el instante salvo que la víctima se de cuenta o un miembro del equipo de seguridad pase al lado.
La mayoría de las veces los que sufrimos el robo es por pura inocencia o imprudencia nuestra, facilitando que se nos hurte las pertenencias.
Tenemos que razonar un poco.
Ya no vivimos en la sociedad de nuestros abuelos, cuando decían que las puertas y las ventanas de las casas siempre estaban sin cerrar porque confiaban en los vecinos.