El porqué de las razones que permiten la supervivencia del sistema capitalista.
Existe una distinción clara entre dos formas de liberalismo. El liberalismo político y el liberalismo económico. Cada uno se restringe a una determinada área de la acción humana pero manteniendo en común su fe en la perfectibilidad del individuo, el vigor de la iniciativa individual y la desconfianza hacia el Estado. No debemos olvidar el momento histórico en que fue formulada la doctrina liberal en el ámbito político estaban frescas las heridas de las guerras de religión, las cacerías de brujas y el absolutismo regio.
Como nos recuerda Alain Touriane, el liberalismo político ha establecido una serie de pactos de conveniencia. Se ha unido al liberalismo económico puesto que la experiencia demuestra que la caída de una de las libertades política o económica supone la caída de la siguiente. Se ha casado con la democracia al extremo que se puede ser liberal sin ser demócrata, pero no se puede ser demócrata sin ser liberal. De ahí que por el momento tomando licencias sobre la formula con que los emperadores romanos se presentaban a informar ante el senado de Roma sobre la situación del imperio; podremos decir que el estado del liberalismo y por ende el capitalismo es bueno.
¡Oh USA dichoso aquel que vea tu caída! Parece ser la letanía de buena parte de los movimientos anti-sistema. Por una vez les daremos razones para ser felices. Babilonia supo lo que era caer, y lo supo Roma también, los Estados Unidos de América también deben caer, es natural que pierdan su hegemonía unipolar conforme naciones como China, Rusia, la India y Brasil asuman su lugar en el mundo. Pero de ahí a asociarlo con el ocaso del sistema capitalista y el liberalismo político hay un mundo de diferencia. Simplemente será un cambio en el ordenamiento de los poderes mundiales, no mucho de que alegrarse y sí un nuevo y más inestable mundo para preocuparse.