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Mi Abuelo

Mi abuelo decía…

Mi abuelo solía decir: “vive mas, trabaja menos”.

En un principio no comprendía lo que me decía, para mi la vida era una jornada intensa, casi épica, de trabajo, trabajo y trabajo, así pasaban mis días, de labor en labor, de pendiente en pendiente, de obligación en obligación, y para mi estaba todo bien.

Yo era una bolita de pinball en una empresa manufacturera, de un lado para otro, cada minuto era una faena y un ajetreo inmensurable, mi vida laboral era puro servicio, ponga aquí, lleve allá, arregle esto, opere aquello. No era una situación o una labor incomoda (eso pensaba y decía yo), al contrario, me sentía bien, en un principio la gestión de mi empleo era una afición, un gusto, casi un hobbie.

Pasaban los meses, y mi puesto no cambiaba, nunca aspire un trabajo mejor remunerado, un empleo con mayores expectativas y ascensos, sinceramente me sentía a gusto en mi lugar, con mi trajín estaba satisfecho mi corazón. Al tiempo, reflexione en la frase de mi abuelo, y sin advertirlo tenía toda la razón, sin darme cuenta el cometido de mi ocupación estaba absorbiendo mis días, chupando mi vitalidad y entusiasmo, robándome la alegría e inocencia, estaba incrementando mi estrés. El trabajo, que era mi vida, me estaba engullendo lentamente, era más grande que yo, se había carcomido mis sueños y anhelos.

Tras la revelación de mi condición y una larga meditación, decidí cambiar de empleo, además estudiar algo mas, me atreví a soñar con un puesto mucho más próspero y dinámico, no repetitivo y reactivo como el que tenía antes. Pasaban los semestres, y mis esfuerzos rendían frutos, mis habilidades crecían, mi nivel aumentaba, las ofertas abundaban, estaba a la vanguardia del empleo soñado.

Empezaba el día, el teléfono sonaba, una y otra transacción lideraba, a la puerta llamaban, un gran negocio concretaba, la lista de pendientes crecía, el cronograma era cada día mas estrecho, la agenda ya no daba abasto. A mi hogar retornaba tarde, casi abatido por la labor del día, con el ánimo henchido pero el cuerpo desperdigado, la mente lúcida pero el rostro casi demacrado. Mientras cenaba pensaba en la cita del día siguiente, reflexionaba en la entrevista de hace una hora, se perdía mi pensamiento en el proyecto por entregar pasado mañana. Mientras sostenía su cuchara próxima a asaltar la ensalada de pollo, dijo mi abuelo leyendo mi rostro:”vive mas, preocúpate menos”. En la nebulosidad de mis pensamientos su frase no tomó forma, no caló, no retumbó para nada en mí.

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3 Responses to “Mi Abuelo”

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