Lo que se hace por dinero, y con él, demuestra, sin temor a equivocarse, qué clase de personas somos.
Alguien dijo que la causa de todos los males es el dinero. Pero la verdad es que la gran mayoría de nosotros nos pasamos la vida trabajando por dinero y nos inquietamos pensando en su posesión, sin contar a los que se matan o mueren por sus causas.
Lo que se hace por dinero, y con el, demuestra, sin temor a equivocarse, que clase de personas somos. Podemos ser generosos o tacaños, honrados o deshonestos, previsores o alocados. Pero bueno, lo que seria de mejor ayuda es conocer que queremos del dinero.
Creo que si lo decimos en breves palabras estamos en busca de la seguridad y la felicidad.
La felicidad se torna huidiza. Se puede buscar y comprar placer, lo que es muy diferente. Pero la felicidad de verdad se transforma en una visita misteriosa que solo los mejor preparados atinan a invitar a pasar, pero en ciertas ocasiones se presenta sin ser invitada.
Lo negativo que nos ocurre es que a muchos se nos ha inculcado a creencia de que la obtención de cosas es una prueba de buen éxito, siendo mas complicado enseñar que como la felicidad no consiste en bienes materiales no la podemos comprar con dinero.
La felicidad no se deja comprar, solo se acerca cuando accedemos a abrir, de forma cordial, las puertas para aceptarla. Pero lo negativo de nuestra equivocada evaluación del dinero es que le cierra las puertas. La cerramos con cerrojo para salvaguardar las mil y una cosas que poseemos, y nuestro visitante, esperado con ansias, sigue su camino.
Muchos conocemos a personas de modestos ingresos obsesionados por las cosas de las cuales, según su concepción, no tiene y no tendría porque no tener su familia, y que no aciertan a ver las bellezas de la primavera a su alcance así como tampoco la mirada cordial de un vecino.
Nuestra equivocada evaluación del dinero toma ciertas formas mientras tengamos bastante o poco.
Una vieja historia dice que en una noche se ahogaron dos hombres en un río. Uno fue siempre pobre, pero había ganado un millón en una lotería, se emborracho para celebrar su buena fortuna y se cayo al río. Mientras que el otro fue siempre millonario, pero todo lo perdió menos un millón y se lanzo al río. Para los dos, lo mucho y lo poco, de acuerdo a su respectiva condición, había adquirido tal magnitud, que los hizo enloquecer y perder la vida. Pero esta claro que no fue el dinero mismo, sino lo que este representaba lo que les causo la muerte. En los zapatos del pobre, las innumerables cosas sin las cuales tuvo que vivir, y en los del rico, las cosas sin las cuales creía no se podía vivir.
Íntimamente, en nuestra enorme preocupación por el dinero existe un sentimiento de inseguridad. Nos parece una defensa en contra de la resbalosa fortuna y tratamos de juntarlo en la mayor cantidad posible.
Pero creo que es mejor adoptar un sistema estilo termino medio, es decir, ahorrar para los tiempos difíciles, sin que el miedo nos dé la sensación de naufragio, y si las circunstancias lo permiten, satisfacer nuestros deseos momentáneos, o el de algún ser querido o necesitado.
No es fácil mantener el equilibrio, ya que a veces se apodera de nosotros el amor al dinero y comenzamos a guardarlo por lo que el dinero significa. Pero cuando se siente la estrechez de la escasez da miedo.
Es mejor darle al dinero el valor que le corresponde, como medio para muchos fines y nada mas, ya que la vida nunca ha sido ni será segura. La sensación de seguridad es una ilusión que se desvanece como todas las demás. Y todos, los que tienen y no corremos la misma aventura de la vida. Quien vive con preocupación a todas horas es un competidor débil, y vulnerable.
El orgullo que se llega a asociar con el dinero no existe, y cuando le damos al dinero su sentido estamos en condiciones de enfrentar lo mucho y lo poco con sabiduría y coraje.