El “olvido” como artífice de nuestras fortunas e infortunios.
Olvido. Palabra que deriva del lat oblivium y significa segn el diccionario: falta de memoria, descuido o cesación del cariño que se tenía.
Y ahí está el hombre perdido en el tiempo y condenado. Perdido en el olvido. Y ahí está el hombre vítima de los aconteceres ajenos. Y ahí está el hombre advirtiendo y siendo testigo de la fatalidad en el trascurrir del tiempo. Y quien sabe hasta cuando ahí seguirá.
Este último año he tenido la sensación que los recuerdos se ensimisman, se apilan y se confunden, mejor dicho: se sintetizan. Hay quienes llaman a ese proceso sintetizador de recuerdos: experiencia. Experiencia que, creo, se construye muy en parte gracias al olvido. En tan solo veintisiete años, tantos recuerdos han sido ya borrados de mi mente, a veces de forma voluntaria, a veces involuntaria.
Y es que hay ocasiones en que es preferible borrar palabras, imágenes, sonidos, personas y ciudades enteras de nuestros recuerdos y de nuestros pensamientos. Y en cambio hay ocasiones en que resulta vital rescatar esas palabras, imágenes, sonidos, personas y ciudades enteras del olvido. ¿Es pues el encaprichamiento de la voluntad a recordar y olvidar totalmente aleatorio al devenir de sucesos ajenos? ¿Habrá el hombre perdido su libertad al someter sus recuerdos y sus olvidos a la circunstancia que lo rodea?
En lo personal, hoy, mi preocupación central no son los recuerdos, sino los olvidos. Ese proceso mental que -literalmente- borra precedencias y genera creatividad, pues hace al hombre comenzar desde cero.
Es precisamente ese sentimiento de olvidar y de querer olvidar que noto tan presente en mi presente. La marea de ideas y personas que he descubierto en los últimos años ha -pareciera- sepultado las ideas y personas que les precedieron. Y pareciera en efecto el vaivén de una marea, pues de un momento a otro, el olvido traiciona, y las ideas y personas resucitan convertidas en monstruos irreconocibles para mi propio presente.
Monstruos irreconocibles, símbolo de las quimeras del tiempo y del espacio. Quimeras que algún día fueron personas e ideas amigas y hoy, después de haber cambiado tanto, pudieran ya no ser. Quimeras que, en cambio, mutan y se aferran a permanecer en nuestro propio presente. Son engendros de ideas y personas a las cuales sólo nos ata un recuerdo pasado que acabará nuevamente siendo borrado por la marea del olvido.