Sin duda alguna, la religión es un fenómeno que tiene la facultad de movilizar masas, de disciplinar voluntades, de modificar hábitos de comportamiento en pueblos enteros… Es por tanto, un fenómeno de interés para el Estado.
Alguna vez nos habremos preguntado para qué sirve la religión en los pueblos modernos. Cronológicamente hablando, la experiencia religiosa del hombre como búsqueda de contacto con una realidad última ha precedido a la organización política de los grupos humanos. Para cuando el ser humano comenzó a vivir en comunidades organizadas (como las del primer Jericó hacia el octavo milenio) ya había dejado huellas de su religiosidad en pinturas, artesanías, construcciones y relatos folklóricos. Hasta donde llegan los vestigios históricos de vida humana inteligente se pueden hallar rastros del fenómeno religioso que ha acompañado el desarrollo de todas las culturas humanas incluso hasta nuestros días.
Sin duda alguna, la religión es un fenómeno que tiene la facultad de movilizar masas, de disciplinar voluntades, de modificar hábitos de comportamiento en pueblos enteros y es, como fenómeno social, un agente activo en la construcción de la historia de las comunidades (una historia que la mayoría construímos sin estar conciente de ello, por medio de nuestros actos sociales cotidianos).
Es entonces un fenómeno de interés para el Estado. En algunos casos lo es por formar parte del núcleo de conflictos entre Estados vecinos, como bien ejemplifica el conflicto en Medio-Oriente; en otros casos, la religión interesa al Estado por su participación para generar o pacificar problemas internos como representan los casos de conflictos religiosos entre comunidades africanas o las recientes persecuciones a cristianos en India donde facciones radicalizadas quemaban las viviendas de los nuevos conversos cristianos; Y finalmente, la religión interesa al aparato del Estado por la influencia de ella en las decisiones del electorado, especialmente en aquellos países donde un porcentaje importante de la población participa activamente de un determinado credo.
En este último de los escenarios es donde se puede observar todo un juego de seducción de parte del poder político hacia los dirigentes religiosos de mayor representatividad. Pero este uso de la religión por parte del Estado es tan frívolo como la mayoría de los eventos cuyo fin es puramente electoralista. Existen otros aportes mucho más nobles reservados al fenómeno religioso. Por mencionar algunos ejemplos limitados al credo cristiano, cabe destacar el porcentaje considerable de las ONG con cimiento cristiano que trabajan en temas de niñez y familia, recuperación de adicciones, fomento de la educación y otros tópicos vinculados al mejoramiento de la calidad de vida sin olvidar el trabajo social que llevan adelante un número importante de iglesias en nuestro país.